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INCERTIDUMBRE

Pensar que estamos cercanos a una recesión en la economía colombiana es desconocer que tal término implica un decrecimiento del PIB durante dos trimestres consecutivos. Esto no sólo no ocurrirá en Colombia en el futuro previsible, sino que nunca ha sucedido en nuestra economía en las últimas décadas. Lo que sí es evidente es la presencia de algunos nubarrones en el panorama que hasta hace poco se veía bastante despejado. Analicemos cuáles son las principales preocupaciones que están generando una incertidumbre inoportuna, ya que la economía, a diferencia de la política y lo social, era lo rescatable de la coyuntura nacional. Y también enunciaremos las soluciones propuestas que nos parecen más convenientes.

29 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El excesivo gasto público, así como el desorbitante incremento de la deuda de los municipios y los departamentos, están presionando la inflación y las tasas de interés. Las cifras y un completo análisis se presentan en esta edición. Es paradójico que sea el gobierno el principal enemigo del pacto social. Y los platos rotos los está pagando el sector privado, a quien se le pide apretar el cinturón cuando el Estado usa pantalones con cintura elástica, tal como gráficamente lo describió un líder gremial. Si el Presidente de verdad está comprometido con la rebaja en el ritmo inflacionario y con el descenso en el costo del dinero, tiene que gastar menos.Lo demás es carreta.

El creciente déficit en la cuenta corriente es algo que debe manejarse con cuidado y a tiempo.El saldo negativo con respecto al PIB superará el cinco por ciento este año y proyecciones oficiales muestran que podría llegar al ocho por ciento en tres años.Según el economista Sebastián Edwards, Colombia debería tener un déficit alrededor del 2.5 por ciento del PIB. Y anota que, si bien es cierto que nuestra economía está en transición, en busca de un nuevo equilibrio que incorpore el fenómeno petrolero - lo cual justifica un desequilibrio temporal mayor- se debe hacer una maniobra de aterrizaje suave. Esto implica una flexibilidad cambiaria y en el manejo de la tasa de interés. México no tenía esto y por ello explotó su modelo. Pero, sobre todo, se requiere un ancla fiscal que consiste en un ahorro público no inferior al ocho por ciento del PIB. Por lo tanto, la austeridad es necesaria. Además, un menor gasto implica menos importaciones y un menor servicio de la deuda - al no aumentar tanto los préstamos externos- lo cual es positivo para la balanza de pagos.

La desaceleración en la construcción es apenas normal después del espectacular crecimiento reciente.Lo preocupante es el aumento en el desempleo que provocará.Por ello sería conveniente una reducción en las tasas de interés- el principal lastre de esta industria- que de nuevo, tan solo se logra con menor gasto oficial. El otro grave problema es el contrabando, que está destruyendo a la industria del tabaco, a las textileras y al comercio formal. Que se dé un plazo para legalizar a los Sanandresitos es razonable, pero que no tiemble el pulso para, de una vez por todas, combatir el ingreso ilegal de mercancías, que tanto daño le hace al país.

Pero no todo el peso de las medidas para despejar la incertidumbre económica debe recaer sobre el gobierno. Insistimos en que la reforma tributaria- después de los ajustes anunciados- debe ser aceptada por el sector privado. Acabar con la evasión, que es el objetivo central de la iniciativa impositiva, debe ser aceptado por los gremios. Así, al mejor estilo de Antanas, todos ponemos y todos ganamos.