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EL MONO NUÑEZ SE PUSO DE RUANA A GINEBRA

Al festival de la plaza le faltó plaza. La cantidad de melómanos que llegaron a Ginebra, en el centro del Valle, en busca de un baño de folclor coparon hasta el último rincón del pueblo.

29 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Era una fiesta colombiana, donde el bambuco, la guabina, los torbellinos, los bundes, las papayeras, las chirimías y hasta la carranga de Jorge Velosa reventaron todas las expectativas del XXI Festival Mono Núñez.

Por lo menos 60 mil personas asistieron al encuentro musical más importante de la música andina tradicional colombiana.

Anoche, con su culminación, se abrió una nueva etapa para el festival gracias a la aparición de los programas musicales, un miniconcierto donde se interpretaron una o varias obras sobre temática específica.

El concurso de intérpretes que se realizó en el coliseo Gerardo Arellano, reunió por lo menos tres mil personas. El escenario fue una perfecta reconstrucción en madera y cartón de una casa campesina de Ráquira, Boyacá.

Los asistentes también se deleitaron con el festival de la plaza, con conciertos en recintos pequeños, que permitieron un mayor acercamiento de los artistas con el público y con una obra inédita.

Tiples, guitarras y bandolas en manos de 53 participantes, provenientes de 13 departamentos fueron el plato fuerte del Festival, que este año tuvo grandes innovaciones.

Jorge Velosa y los Carrangueros de Ráquira también se encargaron de poner el pueblo al rojo vivo. Las vitrolas, los equipos de sonido y los cantadores callejeros se callaron.

Y vino una lluvia de aplausos que refrescó la noche. Don Hepaminondas Tuta, ya encontró la cucharita?. Que vivan los carrangueros. Ginebra es suya su merced , y miles de cosas más les gritaban a los Carrangueros a medida que pasaban.

Este año se dio mucho más gusto a los espectadores. Los participantes al premio Mono Núñez, inscribieron 10 obras adicionales a su repertorio, que interpretaron en las presentaciones alternas al concurso.

Niños, jóvenes, ancianos, gordos, flacos, altos, bajitos, propios y turistas, todos, azotaron las calles de Ginebra.