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DESDE LA TIERRA DONDE NACE EL SOL

Era una de las 1.300 mujeres que asistieron al seminario-taller organizado en Medellín por la senadora Piedad Córdoba. Menudita, pelo largo, ojos vivaces, con su vestido blanco, de algodón, ceñido a la cintura por un cordón que tiene mil vueltas, la vi girar, de un salón a otro, enterándose de lo que decían las conferencistas.

29 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Desde el día de la inauguración ella fue protagonista; por lo que dijo y por la forma de decirlo. Para el grueso público es Elizabeth García, 19 años, estudiante de física y matemáticas en la Universidad de Valledupar. Para los suyos es Atycheykaringuma, nombre que tiene que ver con el día, la hora, la época del nacimiento. El significado no me lo dice. Es algo íntimo. Lo saben ella, su madre y el mamo , sacerdote que las enseña cómo vivir bien dentro del ámbito natural.Es de Nabusimake, la tierra donde nace el sol , en la Sierra Nevada, y es arahuaca, como su madre; su padre es kankuamo.

Como todo indígena, -dice- nací en el campo, aprendiendo a amar y a respetar lo que nos rodea, especialmente la naturaleza; y aprendiendo a vivir con las necesidades de mi pueblo. Con la esperanza de poder algún día ayudar a mejorar su situación, hice el sacrificio de salir de la comunidad y me he esforzado por estudiar para entender otras formas de vida. Pero he sentido el choque del medio ambiente; que la gente se preocupe de superficialidades; que me miren raro por ser diferente, que a nadie le importe lo que te pase, pues no hay sensibilización humana; que la gente no se respete a sí misma, ni haya respeto por el otro, ni por la naturaleza; que no haya convivencia, ni tolerancia. Por eso quise hablar de mi pueblo y enseñar qué es la vida comunitaria, en donde lo que le duele al otro me duele a mí, y si el otro está contento, yo estoy contenta. Hoy la gente siente curiosidad por las comunidades indígenas; están de moda. Pero no hay concientización. Yo cada vez que me levanto siento que tengo algo que dar, y algo que aprender .

Antes de ser sociedades atrasadas, o dejadas atrás por el progreso, tenemos mucho que ofrecer después de que las sociedades industriales han fallado. Como hermanos mayores sentimos la necesidad de enseñar algo y de que nos dejen participar. Pero tienen que respetarnos. Que no se rían de nuestras vestimentas; que no se extrañen porque hablamos otro idioma. Lejos de ser figuras decorativas, somos seres humanos que tenemos unas metas, como la reivindicación de las poblaciones indígenas. Pero para nosotros las diferencias étnicas van más allá de lo que dice la Constitución. Los espacios están abiertos y hay que ocuparlos. Creo que es tiempo de cambiar el discurso hombre vs. mujer, porque el hecho es que todos somos seres humanos y debemos respetarnos. La meta de una mujer no debe ser conseguir el amor de un hombre, sino conseguir sus ideales, y realizarse. Más allá de dinero, raza, ideología o religión, está lo que la madre tierra nos ofrece. Cuando las plantas se sequen y los ríos dejen de correr, se darán cuenta de que el dinero no se come... .