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DE LOS SUICIDAS A CONTRAFLUJO

Con Los suicidas del Sisga se marca una etapa primordial en la trayectoria artística de Beatriz González, al estar involucrados en buena medida, elementos que harán característico su trabajo.

30 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

También desde el punto de vista temático, abordando la artista el tema de la muerte que reaparecerá con frecuencia a lo largo de su carrera.

En los tardíos años sesenta y en los setenta, el ejercicio que realiza la artista de mirar y recortar las crónicas rojas de los periódicos, muestra una actitud especialmente sensible al entorno social, un ejercicio de observación que en buena medida, se convierte en un tomarle el pulso al momento. A través de retratar las formas, de enfrentarse al dolor, al amor, a la muerte, Beatriz González penetra en los comportamientos de la cultura. Allí logra retener un aspecto definitivo del país.

Tragedias pasionales, retratos de venganza y suicidios, se convierten en heliografías, dibujos, pinturas, trabajos estupendos que logran de una manera tajante y dramática extraer a la imagen toda la contundencia que el tema requiere.

Mas adelante en la carrera de la artista, cambia la frontera desde la cual aborda el tema. Ya no será la mirada que se detiene en hechos privados. Beatriz González se vuelca hacia un entorno más amplio aunque igual o mayormente sórdido, el idiosincrático devenir del acontecer nacional. Presidentes que se confirman en su actitud irresponsablemente optimista, indiferentes a incendios y asesinados masivos, candidatos presidenciales asesinados, cadáveres de desconocidos.

La paleta se ha ido transformando, los tonos festivos de contrastes encendidos y alborotados se convierten en colores sordos que si bien continúan manejando fuertes contrastes, proponen un colorido ácido, sombrío. Los grises, los verdes, los azules densos se contraponen a los amarillos, a los ocres. El dibujo se hace más decididamente descuidado , provocando en el espectador, ciertamente, una sensación compleja que en primera instancia parece pasar por el disgusto.

Desde el texto del catálogo que revela un detalle intimista y personal, se muestra una Beatriz González que desde niña ha sido observadora atenta, receptora que ha entendido y ha sabido plantear desnudamente, a través de su pintura, la relación del colombiano frente a la muerte. Relación en la que ésta, la muerte, cada vez en mayor medida, tiende a convertirse en banal y cotidiana. Beatriz González lo hace desde un lenguaje no obvio que siempre está impregnado de una buena dosis de humor pero sobre todo, de sarcasmo.