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LADRONES LINCHADOS HASTA LA MUERTE

Un nuevo fenómeno social azota a Venezuela. Los linchamientos de delincuentes en manos de la colectividad se están convirtiendo en una moda en los barrios de Caracas, sin que las autoridades venezolanas puedan hacer mucho.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Bajo el argumento de la ineptitud de los cuerpos policiales venezolanos para frenar la criminalidad, en los barrios pobres de la capital se han registrado, en los últimos tres meses, seis linchamientos de presuntos delincuentes en manos de los vecinos, quienes no ven otra opción que tomarse la justicia por sus propias manos.

Las imágenes dantescas se han ido repitiendo en varios sectores populares.

El presunto delincuente comete el delito y los vecinos, tras identificarlo, se hacen de piedras, palos y cualquier otro objeto contundente. Como a una alimaña, lo acorralan y golpean sin piedad hasta dejarlo sin vida.

La inseguridad es la culpable. El gobierno del presidente Rafael Caldera reconoce el derecho de las comunidades a defenderse de los criminales, pero hace la salvedad de que el Estado no patrocina los linchamientos.

Gobierno preocupado Sin embargo, las voces de advertencia se hacen sentir entre especialistas, quienes temen que el fenómeno se generalice como una respuesta a la falta de justicia eficaz, oportuna y equitativa.

La preocupación sobre la nueva moda hizo que el Gabinete de Seguridad, encabezado por el ministro de Relaciones Interiores, de Gobierno, Ramón Escovar Salom, dedicara la discusión al problema de los linchamientos.

A la salida del encuentro, Escovar Salom pidió a los líderes vecinales identificar, denunciar y entregar a las autoridades a los llamados azotes de barrio .

A su vez, el ministro de Justicia, Ruben Creixems, considera que a veces se tiene la sensación de que el Estado llega solo hasta el hombrillo de la autopista , pues los cuerpos policiales no penetran en los barrios marginales sino cuando se anuncian operativos.

La opinión pública venezolana se muestra inclinada a aceptar los ajusticiamientos cometidos contra los delincuentes.

Según un sondeo efectuado por la empresa encuestadora Opinión Resarch, el 57 por ciento de la población está a favor de los linchamientos, mientras que el 35 por ciento lo cuestiona.

El padre Pablo Urquiaga, párroco de la diócesis que incluye al barrio El Onoto, donde se produjo el primer linchamiento de delincuentes conocido en 1995, considera que es necesario ir al fondo del problema.

En estos barrios no entra la policía y cuando por casualidad un delincuente es denunciado y capturado, es puesto en libertad a a las pocas semanas y vuelve otra vez a sus andanzas. Comprendo a los habitantes de los barrios, que sienten la ausencia del Estado y, en un momento de arrebato, deciden llenar el vacío y hacer justicia con sus propias manos , señala el religioso.

El temor del sacerdote es que esto tiende a imitarse . Tanto el poder judicial como los órganos policiales se defienden, a su modo, de las acusaciones sobre la falta de acciones eficaces y oportunas para enfrentar la creciente criminalidad en Venezuela.

Por su parte, la juez segunda de Primera Instancia en lo Penal, Mildred Camero, manifiesta su oposición a los linchamientos, por estar prohibido por la Constitución Nacional y las leyes venezolanas, pero asegura que la mala instrucción de los expedientes por parte de los cuerpos policiales es la causa principal por la cual algunos delincuentes quedan en libertad, sin recibir el justo castigo por sus fechorías.

A este señalamiento respondió el inspector jefe de la Brigada de la División Contra Homicidios de la Policía Técnica Judicial, Juan Ricardo Prieto, quien explicó que la instrucción de los expedientes requiere la denuncia de los afectados para que un funcionario policial pueda efectuar la respectiva investigación para resolver un caso.

Un problema grave Por eso los funcionarios nos frustramos cuando trabajamos un caso día y noche y después los testigos no quieren ir al tribunal . Esto entorpece la labor judicial, comentó.

Otro punto de vista sobre los linchamientos lo expone el médico psiquiatra Antonio Pacheco, representante de América Latina en la Asociación Mundial de Psiquiatría. El especialista sostuvo que el Estado no se ha dado cuenta o tiene idea muy débil de la gravedad del problema .

Pacheco subrayó que este asunto simplemente indica que se está sustituyendo y desconociendo la justicia oficial, que no se confía en ella porque ya existe una situación de cansancio y de agotamiento. Uno de los resultados de la frustración es la violencia .

El psiquiatra puntualizó que llegar al linchamiento traduce que los inconvenientes han sobrepasado todos los límites .