Archivo

JACKIE HABLÓ TRAS ASESINATO DE JFK

Jacqueline tuvo necesidad de contar públicamente parte de sus sentimientos tras el asesinato, en 1963, de su marido el presidente John F. Kennedy, y 32 años después se sabe casi todo lo que pasó entonces por su cabeza.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La única condición era que el texto sólo podía publicarse un año después de su muerte. Jaqueline murió de cáncer el 19 de mayo de 1994 en Nueva York, a los 64 años.

No voy a ser la viuda Kennedy. Cuando todo esto acabe voy a meterme en el más profundo de los retiros que existan , dijo la bella Jackie una semana después del asesinato de su marido a Theodore White, un periodista amigo de la familia.

White publicó parte de la entrevista en un número especial monográfico de la revista Life dedicado a Kennedy en 1963, y en su autobiografía en 1978, pero la Biblioteca Kennedy de Boston (Massachusetts) divulgó ahora algunos extractos aún inéditos.

La entrevista está contenida en 34 páginas que White donó a la Biblioteca Kennedy en 1969, con el acordado embargo, hasta después de la muerte de Jaqueline.

El texto original de la entrevista contiene anotaciones del autor y de la propia Jacqueline.

Bobby (Kennedy, hermano de John) enseñará a Johnny (hijo pequeño del matrimonio). Es un niño pequeño sin padre, una criatura preciosa que necesitará de un hombre que lo guíe, dijo Jacqueline, según uno de sus comentarios inéditos.

Quiero que John-John se convierta en un magnífico joven. Está interesado en aviones; quizá se convierta en un astronauta o en, simplemente, John Kennedy, mecánico de aviones en tierra , agregó.

De Carolina Kennedy, su madre dijo que en el funeral oficial, su hija le agarró la mano como un soldado; ella es mi cuidadora y ahora es mía .

John Kennedy es abogado y uno de los solteros más codiciados de Estados Unidos, mientras que su hermana Carolina está casada y tiene tres hijos.

Entre los deseos de Jacqueline, figuraba la llama eterna en la tumba de su marido y que el cohete que viajó por primera vez a la Luna llevara su nombre, así como la zona de lanzamientos de Cabo Cañaveral.

Quería esa llama y Cabo Kennedy. Todo lo que quería fue su nombre, justamente, en ese cohete, aquél que nos pondría por delante de los rusos , en referencia al que luego viajaría a la Luna en 1969, idea que había propiciado su marido.

De todo ello, sólo consiguió la llama eterna en la tumba de Kennedy en el cementerio nacional de Arlington (Virginia) y, en parte, la designación de Cabo Kennedy, luego rebautizado como Cabo Cañaveral, aunque el centro espacial en el Florida lleva el nombre del presidente asesinado.

Personas que conocieron al ya fallecido White, dijeron que en la entrevista, la viuda del presidente Kennedy dio claras muestras de una enorme necesidad de hablar y sacar de adentro la pena que llevaba por la trágica muerte de su marido, asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas).

Su última expresión era tan nítida , comentó Jacqueline sobre los instantes siguientes a cuando su marido recibió los disparos en la cabeza que acabaron con su vida.

Pude apreciar como saltó una parte de su cerebro (por el impacto de una bala) que acabó en mi regazo , agregó.

Ya en el hospital, Jacqueline exigió estar presente en la misma sala donde se encontraba su marido, ya muerto, recibiendo la extremaunción administrada por un sacerdote católico.

Había una sábana sobre Jack por la que sobresalían sus pies.

Tomé uno de ellos y lo besé. Luego, tiré de la sábana hacia abajo.

Su boca era tan hermosa; sus ojos estaban abiertos , comentó.

En el manuscrito ahora revelado, la viuda del presidente se mostró muy molesta por la prisa del entonces vicepresidente Lyndon Johnson en asumir la presidencia del país a bordo del mismo avión que trasladó el cadáver de Kennedy a Washington.

Jacqueline comentó que le parecía estar participando en una ceremonia desagradable, en la que no tenía que estar, con su vestido rosa manchado de sangre.

White fue literalmente sacado de la silla del dentista para acudir a Hyannis Port para entrevistar a Jacqueline, a petición propia, aparentemente, para contrarrestar cualquier versión que distorsionara la vida y obra de su marido.