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UN PUEBLO QUE SE MUEVE ENTRE LA MULA Y EL HELICÓPTERO

A la gente que vive en Uribe no le interesa la paz. Tampoco la guerra. Ni el Ejército. Ni la guerrilla. Lo único que le interesa, por ahora, es una carretera.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Una vía que los saque de la incomunicación. Que permita por lo menos el tránsito de una ruta de transporte. Que acorte la distancia de nueve horas hasta Villavicencio, donde es preciso ir a cobrar hasta los cheques de las quincenas de los empleados.

Para empezar, no se llama La Uribe. En todos los registros oficiales, y tal como la llaman los habitantes del municipio, es Uribe. A secas. Eso es como si a una persona le dicen el Carlos o la Marta .

Aunque suene paradójico, los diálogos de paz en Uribe, que tienen al resto del país en vilo, no han producido el mismo efecto en los 10.500 habitantes de este municipio.

Con el carro al hombro Bienvenidos, drogas Don Luis los saluda. Ofrece drogas humanas y veterinarias (...) Visítenos, Calle del Comercio .

El primer aviso antes de llegar al pueblo se lee en la única carretera maltrecha que de Uribe conduce a Mesetas (seis horas en un trayecto de 60 kilómetros).

Eventualmente llega hasta aquí un jeep que pretende, de un solo viaje, transportar a los pasajeros que se agolpan en sus puertas.

Aquí no lo trae el carro a uno... uno es el que trae el carro , comenta un habitante del pueblo. Se refiere a que durante el viaje, en más de una ocasión, tienen que bajarse los pasajeros a empujar el vehículo.

El gobierno local ha intentado a cuenta gotas acabar un proyecto: la construcción de una carretera. Pero tres empresas le han incumplido al pueblo. Y el único trayecto vial que permite a un vehículo desplazarse a 30 kilómetros por hora, fue construido por el Ejército Nacional.

Las obras fueron suspendidas el 6 de noviembre de 1993 cuando seis soldados y un cabo fueron acribillados por las Farc.

Por eso este pueblo es aún el de la mula y el caballo. Las hijas de María Auxiliadora, Congregación Salesiana con asiento en Uribe, y el párroco Tomás Elías Jordán, emprenden rutinariamente una ruta en forma de herradura para atender los clamores espirituales de los habitantes de las 52 veredas y dos inspecciones de policía que conforman el municipio.

Cuatro cuadras componen la calle principal de la cabecera municipal (Calle del Comercio), la única pavimentada y donde se tiene prevista la concentración de las tropas del Ejército una vez se inicien los encuentros directos entre Gobierno y guerrilla.

Las tiendas pueden contarse con los dedos de las manos: una droguería, dos o tres panaderías, cuatro expendios de bebidas alcohólicas y 20 fondas.

Uribe tiene una escuela para primaria y un colegio departamental que dicta hasta el noveno grado.

Ni una mata de yuca Los 59 estudiantes de este último plantel, pagan pensiones de 1.200 pesos mensuales y reciben las clases a medias pues no hay profesores para agropecuarias, matemáticas ni biología.

Van a salir con el título de bachilleres agropecuarios y no saben sembrar una yuca , señala la rectora del colegio Rafael Uribe Uribe, Omaira Pastás.

Con excepción de la profesora (que llegó al municipio hace ocho años) todas las autoridades son nuevas en Uribe. El médico lleva 30 días; el personero, tres meses; el registrador, seis y el comandante de las Fuerzas Militares de la región, no ha cumplido un año de labores.

El problema de Uribe es su abandono (...) aquí trabajan son los pobres, en este pueblo nadie invierte (...) su problema es ser centro de discordia , indica el padre Jordán.

El día en que llegó al pueblo el joven Jaime Pacheco, médico de la Universidad Nacional, fue llevado de urgencias al centro de salud un hombre maduro que había confiado su salud a un tegua. Llegó muerto. Lo atacó el paludismo, una enfermedad que se cura con unas cuantas tabletas de Repal, según dijo el propio médico.

A la zona no llega ni por equivocación un periódico o una revista, y las señales de televisión se reciben de manera intermitente. No hay energía eléctrica y los habitantes se han ideado la nevera de petróleo para congelar sus alimentos. Existe un único teléfono en el pueblo (el de Telecom) y los niños van a cine de 100 pesos ( en el único betamax del hombre más pudiente de la localidad).

Paradójicamente Uribe también es zona de paz. Existe la clara diferenciación de las partes en conflicto: el Ejército y la guerrilla. El campesino es cosa aparte.

Aquí ni con uno, ni con otro y con ambos , responde con la sabiduría popular un poblador.

En efecto, han aprendido a convivir en medio del conflicto. El Ejército, con amplia presencia en el casco urbano, tiene relaciones de persona a persona con los habitantes de Uribe, quienes han aprovechado los helicópteros como medio de transporte.

Es más, prácticamente las tropas han construido el pueblo: pavimento en concreto de la calle; adecuación y dotación del puesto de salud; reparación de puentes y caminos de herradura; construcción de campos deportivos y de la pista de aterrizaje.

Es un pueblo con un alcalde elegido por la Unión Patriótica, Jaime Pineda Castellanos. Cruzado de brazos ante la encrucijada en que lo dejó el fallo de la Corte Constitucional: sin un peso.

Según datos del registrador municipal, Max Ramírez Morales, el caudal electoral de la Unión Patriótica oscila entre el 70 y 80 por ciento. El comportamiento electoral del resto de los municipios del Meta es variado. (Ver recuadro).

Al registrador le ha tocado, como él mismo lo dice, hacer una labor de apostolado . Día a día da un rosario de orientaciones para que la gente no extradite sus cédulas del municipio.

Los habitantes hacen ingentes esfuerzos por obtener un documento de identidad donde no aparezca la palabra Uribe.

El inspector de policía, Jesús Hermógenes Rodríguez, y el personero, Eduardo Trujillo, manifiestan que los brotes de inconformidad surgen de la falta de servicios.

En todo caso, el aparato judicial no llega por aquí. No hay un solo banco, ni Fiscalía, ni notaria.

Diálogos? Son buenos si van a traer la presencia real del Estado , dijo uno de los habitantes.