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MAMÁ TOYA Y SUS OCHENTA HIJOS

A María Victoria De Germán Ribón de Niño nunca se le pasó por la cabeza que tendría a cargo tantos hijos y hoy ya son más de ochenta que al llegar de la escuela la saludan de beso y le dicen mamá Toya.

02 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Todo empezó en su negocio de flores cuando niños desprotegidos llegaban a pedir limosna con el argumento de conseguir algo de comida pero que en realidad era destinado a la compra de boxer. Conmovida, doña María Victoria empezó a llevarlos a su casa uno por uno para cerciorarse de que se alimentarían.

Las visitas se hicieron más frecuentes y en poco tiempo ellos se fueron acostumbrando a este nuevo ambiente familiar. Poco a poco llegaban más y mamá Toya no tuvo corazón de negarles la hospitalidad. Pero el dinero de su negocio no alcanzaba y se vio en la necesidad de conseguir recursos a como diera lugar. Fue así como los objetos de valor que poseía fueron a parar a las casas de empeño.

Pero aún así no podía suplir todos los gastos. Dejando su orgullo a un lado y en compañía de su hijo de sangre German Niño, empezó a pedir contribuciones para poder sostener esta familia tan numerosa. Su labor silenciosa fue apoyada por mucha gente, aunque no faltó quien la criticara, pero su tesón le llevó a tener hoy en día la escuela Hogar el Paraíso, con puertas abiertas a todos los niños indigentes que quieran rehacer su vida.

Como en cualquier hogar de bajos recursos económicos estos padres adoptivos mantienen una disciplina de colaboración y compañerismo donde cada niño se encarga de lavar su ropa, y ayudar en los demás quehaceres domésticos cuando no están estudiando.

Todos los niños que llegan son matriculados inmediatamente en la escuela y empiezan el proceso de adaptación en un ambiente de familia. Para que todo funcione mamá Toya permanece las veinticuatro horas del día en el hogar mientras Gabriel se encarga de los donativos y ayudas que la gente de buen corazón destina a esta obra.

Esta labor humanitaria y altruista fue reconocida en el ámbito nacional, tras ser nominada al Premio Cafám-Mujer del año, en representación del Meta. Aunque no ganó, su labor fue divulgada y espera que esto le permita tener acceso a más ayuda para su numeroso grupo de hijos.