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EL BOXEO DEBE CONTINUAR...

Aunque me gustaba y seguía paso a paso sus acontecimientos nacionales y mundiales, inclusive asistiendo al coliseo Humberto Perea llevado de la mano de mis padres y tíos, el boxeo no abarcaba la mayor porción en materia de gustos deportivos en mi infancia y pubertad. Era, en su orden, el cuarto, detrás del ciclismo, el fútbol y el béisbol.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Ya como periodista principiante, hace 15 años, al observar la notoria ausencia de comunicadores en el gimnasio barranquillero, cuando la selección Atlántico de Baby Rojas, Felipe Orozco y Leonardo Aguaslimpias se aprestaba a intervenir en el Torneo Nacional de Mayores de Apartadó (Antioquia), me metí de lleno en esa disciplina. Y empecé a descubrir que en cada boxeador había un drama humano en la lucha por la supervivencia desde el mismo momento de su nacimiento.

Encontré que más allá de los golpes lanzados dentro del cuadrilátero, de la batalla verbal antes de cada combate, en ellos se ocultaba la nobleza en pasta y que su decisión de practicar un deporte rudo tenía como objetivo cambiar en lo posible su vida: al ganar un campeonato mundial, aseguraban el futuro económico; de lo contrario, por lo menos como humano, abrían puertas que en circunstancias normales a otras personas la sociedad les cierra para desenvolverse en la vida.

Entonces, por lo general, el boxeo es practicado por gente pobre. Pregunte en El Bosque, el barrio más grande de Barranquilla, a cualquier padre de familia si prefiere que su hijo practique boxeo o tenga el tiempo libre y sea tentado por las pandillas o acaparado por el vicio. La respuesta exacta la pueden encontrar en Pascuala Santana, la madre de Fidel Bassa, quien habitó en ese sector hasta cuando su hijo se convirtió en campeón mosca.

Al tiempo, también descubrí que, lejos de la verdad, estaban aquellos que opinaban que era la disciplina deportiva más salvaje del mundo. En alguna oportunidad, investigando al respecto, encontré en un informe de la Asociación Médica Americana unas cifras elocuentes sobre la rata de muerte por cada mil participantes: encabezaba la carrera de caballos con 12,8 y, pasando por paracaidismo, deslizamiento sobre hielo, montañismo, automovilismo, motociclismo y fútbol universitario, cerraba el boxeo con 0,13.

A raíz del caso Jimmy García en el cual considero que la prensa colombiana sufrió un severo nocaut al basar sus informaciones sobre bases mentirosas en el afán sensacionalista desde Bogotá se plantea, inclusive por costeños, la posibilidad de abolir el boxeo. Las encuestas, mal dirigidas, en las ciudades interioranas, favorecen a quienes sostienen ese planteamiento.

Pregunto: cuál sería su resultado si la encuesta se realiza el 29 de septiembre de 1988, después que Eliécer Julio gana para Colombia la única medalla en los Juegos Olímpicos de Seúl? Cada quien que responda.

Entonces, será, de pronto, que hay discriminación por el deporte que practican esos negros costeños? El boxeo, recuerdo, enseñó desde Kid Pambelé a ganar a este país y echó al canasto las tales victorias morales .

El Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, le dijo a nuestro único campeón mundial vigente, Harold Grey, el jueves en Barranquilla según contó el periodista Eugenio Baena, que como gente caribe le gustaba el boxeo. Y si lo abolían, entonces habrá boxeo clandestino, con presencia desde el presidente hasta del lustrabotas.

Nunca vi una encuesta parecida por el automovilismo después de la muerte de Senna o después de aquel trágico momento de Roberto Guerrero. O por el ciclismo peligroso practicarlo en Colombia, después de las muertes de los tres ruteros de Postobón este año, ni por el fútbol luego del asesinato del árbitro Alvaro Ortega. Ni mucho menos contra el toreo.

El caso Jimmy García, por lo bien preparado que llegó el muchacho a la pelea y sus perfectas condiciones de salud alguien dijo que se veía esqueletico al lado de Ruelas, cuando el colombiano pesó tres libras más que el mexicano una hora antes de subir al ring, fue un accidente que sirvió para el protagonismo de muchos.

Como el del mejor periodista costeño joven, el hoy presentador de QAP, Ernesto McCausland. Ernestico, como lo llamamos sus amigos, cambió de opinión con su ida a Bogotá. Se volvió cachaco , dicen en Barranquilla por mamargallo .

Del presentador de un programa especializado en Telecaribe que hablaba de linda derecha y quien en agosto último se refería a Harold Grey como nuestro héroe campeón , ahora dice que se opone al boxeo desde hace dos años. Y lo peor: se refirió a este periodista diciendo que defiende al boxeo porque después se queda sin empleo. Eso equivaldría a pensar que McCausland hizo fuerza para que Jimmy muriera y así su nueva posición, la del McCausland bogotanizado, tuviera un soporte. Y yo no creo que Ernesto sea tan cruel. Creo que él, como muchos, rezó por Jimmy.

Pero dejemos atrás a quienes gustan del protagonismo. El caso Jimmy García debe servir de mucho, aun como accidente. Porque los accidentes deben evitarse. Y los organismos de boxeo deben tomar medidas y, lo mejor, aplicarlas con severidad. Hay que recordar que como deporte de contacto, el boxeo tiene sus riesgos...