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HACIA DÓNDE VAMOS

No sé si habrá recesión o no. Tampoco sé si tiene razón el ministro de Hacienda o la Junta del Banco de la República en la discusión sobre las tasas de interés. Lo único que sé es que dejó de ser cierto el célebre dicho de que el país va mal, pero la economía va bien .

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Pese a que las cifras generales sobre inflación, empleo y producción son positivas, y a que el país sigue gozando de buena imagen ante inversionistas y banqueros extranjeros, ya no se puede decir que la economía va bien. No hay que ser master de Harvard para darse cuenta de que están apareciendo negros nubarrones en un horizonte casi siempre despejado.

Los síntomas son diversos. El campo sigue en un preocupante estado de postración. La construcción va en picada. Las exportaciones siguen de capa caída. El sector del cuero, confecciones y textiles está en serias dificultades. La crisis de Paz del Río refleja la de toda la industria siderúrgica. El número de empresas que entran en concordato aumenta de manera alarmante. En la Bolsa de Bogotá y la de Medellín se escuchan crujidos nada alentadores. Y en almacenes y restaurantes se ha detectado una caída de las ventas.

No hay que extrañarse, entonces, de que todas las encuestas de opinión empresarial recientes registren un creciente pesimismo. Sentimiento que parece compartir la población en general: la última encuesta Gallup señala que 47 por ciento de los colombianos piensan que las cosas están empeorando , frente a solo un 25 por ciento que creen que van mejor.

Una de las causas de fondo de la situación son las altas tasas de interés, que están asfixiando a muchos sectores de la producción. El costo del dinero está altísimo. Una empresa, que normalmente tiene un endeudamiento del 60 o 70 por ciento, está pagando hasta un 45 por ciento de intereses. Si además enfrenta la apertura y el contrabando y tiene que pagar un impuesto del 30 por ciento (que ahora quieren subir al 37 por ciento), sus costos se vuelven insostenibles.

No he podido entender bien, lego como soy en la materia, por qué no se pueden bajar las tasas de interés. Parece que esto dispararía la inflación, lo que por mandato constitucional la Junta del Banco Central está obligada a impedir.

Y por qué están tan altos los intereses? Una razón principal es el impresionante endeudamiento en que han incurrido los municipios y departamentos, que en un año aumentaron sus gastos sobre todo en burocracia en la friolera de 180 por ciento. El Gobierno central advierte que si siguen gastando tánta plata pondrán en peligro toda la política fiscal y monetaria, pero lo alcaldes responden que con menos no pueden funcionar y que más bien el Gobierno central reduzca sus inversiones.

Se trata, por lo visto, de un círculo vicioso que nadie sabe por dónde romper. Hay quienes pronostican una crisis empresarial y financiera parecida a la del 82.

El inquietante panorama económico tiene, por supuesto, otros factores que lo alimentan. El ambiente de inseguridad que vive el país es uno de los principales. No es posible que una sociedad pueda coexistir indefinidamente con tan escalofriantes niveles de violencia y crimen sin que esto repercuta sobre su salud económica.

Un estudio reciente de la Universidad de los Andes indica que el costo de las actividades delictivas en Colombia, en el solo 1993, fue de seis billones de pesos, la mitad de los gastos totales del Gobierno en ese mismo año. Calcula, conservadoramente, que por delitos contra la propiedad hubo pérdidas por 544.000 millones, contra las personas por 716.000 millones y contra el Estado por 1.4 billones.

La incidencia negativa de la violencia y el crimen sobre la economía equivale, según el estudio, a 12 veces la suma de las utilidades de las 50 empresas más grandes del país . Con semejante situación lo raro es que la economía no se haya destorcido antes.

Un tercer elemento que pesa en la coyuntura actual es la pelea con los narcos, que están más dedicados a defenderse que a invertir. En un país con una economia seminarcotizada; donde ingresan alrededor de 1.500 millones de cocadólares al año; donde sectores como la construcción, ganadería, agroindustria y servicios varios han sido inyectados por estos dineros y donde más de 200 mil personas están vinculadas al solo procesamiento de la coca, la guerra contra los narcos tiene un innegable impacto en esta materia. Fuera de lo que cuesta en sí misma esta guerra.

Sin caer en el catastrofismo, hay que decir que la situación no pinta bien. Corresponde al Gobierno hacer los replanteamientos estratégicos que le enderezcan el caminado a una economía que comienza a torcerse por distintos lados.

La reforma tributaria que tiene en ascuas al sector productivo; saltos y pactos sociales que comienzan a salirse de las manos; el gasto público que sube y las tasas de interés que no bajan; la dramática crisis en la salud, son todos componentes del problema, que el Gobierno debería evaluar o revaluar antes de que sea demasiado tarde.

Si algo ha mantenido a flote a este país, en medio de los horrores sociales y los traumas institucionales de los últimos tiempos, ha sido una economía vigorosa y dinámica. Con tanto explosivo problema acumulado, no puede desplomarse la única constante de estabilidad que hemos tenido. A dónde iríamos a parar?