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CUANDO MUERE UN PADRE OGRO

La muerte del padre o la madre es una de las pérdidas más difíciles de asumir para la mayoría de seres humanos. Sin embargo, perder a un padre o una madre con quien se ha tenido una relación difícil o conflictiva, puede implicar problemas adicionales. Cómo se asume la muerte de alguien que en vida producía sentimientos ambivalentes?

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Para algunos especialistas es como una pérdida doble, ya que no sólo se pierde a un padre sino también la oportunidad, eternamente aplazada, de hacer la paz.

Para muchos hijos, una muerte así abre una caja sicológica de Pandora, en la cual se plantean una serie de contradicciones, impregnadas de una fuerte carga emocional. Así se producen: resentimiento y culpabilidad, dolor y añoranza, alivio y culpabilidad, todo al mismo tiempo. Quizá lo más grave es que estos sentimientos pueden durar muchos años.

En algunos casos, la relación conflictiva entre padre e hijo se resuelve favorablemente en el lecho de enfermo o en el proceso que sigue al descubrimiento de una enfermedad grave en el padre. En esas circunstancias, un hijo puede sentir una repentina necesidad de acercamiento, o un padre puede disponerse favorablemente a arreglar la relación, a través de una conversación franca o de un cambio de actitud.

De todos modos, los cambios en el lecho de muerte no son tan usuales como muestran las telenovelas. No es muy frecuente que una mala relación padre-hijo se solucione en pocos días o aún en meses.

Un legado positivo Es muy usual, en cambio, que la figura del progenitor desaparecido se convierta en un punto de referencia permanente o en una especie de reto a superar. De ese modo, un hijo puede mostrar cambios positivos drásticos en cuanto a la conquista de logros y obtención de éxitos que en vida del padre no se buscaron, o cuya consecución no importaba mucho. Terminar una carrera inconclusa, iniciar una profesión, o involucrarse en alguna disciplina, son algunos ejemplos.

También en este grupo caben los cambios radicales de actitudes, sobre todo de aquellas que eran cuestionadas o desaprobadas por el padre desaparecido. Estas reacciones se presentan en casos de hijos rebeldes, con dificultades para someterse a las normas, o adictos a alguna droga o al alcohol, conductas que generaban problemas en la relación familiar.

Luego de la muerte, puede presentarse una buena oportunidad para acabar con la adicción o para replantear los comportamientos negativos. Esa oportunidad es, en bastantes ocasiones, aprovechada favorablemente por el hijo.

Sin embargo, la muerte del padre problemático también puede implicar una liberación y una ruptura con actividades y actitudes que se sostenían porque eran aprobadas y presionadas por aquel.

Muchos hijos adultos comprenden que perder a un padre difícil se convierte en una oportunidad para un cambio sicológico positivo. Así, pueden confrontar un profundo temor a la independencia que no habían podido enfrentar, o iniciar por primera vez esa relación romántica que no estaba permitida.

Pero no siempre el duelo por el padre conflictivo se resuelve de un modo tan feliz. En muchas ocasiones, el hijo termina desplazando el conflicto hacia otra persona, luego de que su contraparte vitalicia de pleito ha desaparecido. En estas circunstancias es usual que la persona comience a tener problemas conyugales o conflictos laborales.

Esto se da en aquellos casos en los cuales siempre existió una necesidad de hablar, de revelar algo, de plantear un asunto por parte del hijo, que luego de la muerte paterna queda aplazado indefinidamente y sin solución visible. Es algo así como no haberse decidido nunca a hablar, y hacerlo cuando ya el interlocutor no puede escuchar.

Son estos casos los que casi siempre requieren de una ayuda terapéutica para su resolución.

The Los Angeles Times Syndicate Cómo superar un duelo Algunos de los siguientes consejos pueden ser útiles para manejar la pérdida de un padre con el cual se vivía en permanente conflicto: - Plantee de modo sereno y realista cómo era la verdadera relación, asignando las verdaderas responsabilidades por los conflictos a cada parte.

- Tenga en cuenta que de poco sirve ya plantear culpas a otros cuando ya no están, o culpabilizarse de todas cuando ya no hay oportunidad para enmendar errores.

- Hable con su familia y con los amigos acerca de cómo veían ellos la relación, pidiéndoles una opinión sin agravios y sin plantear responsables.

- Permítase sentir lo que está sintiendo. No tiene nada de qué estar avergonzado. Es normal sentir alivio o libertad cuando un padre muere, aunque los demás esperen verlo inundado por la pena.

- Igualmente, es normal experimentar una intensa tristeza y deseos de ver a alguien que lo hacía infeliz. Inclusive una relación negativa es una pérdida.

- Si sus amigos o los miembros de su familia no comprenden su ambivalencia, o tratan de persuadirle de que responda de manera distinta, encuentre un terapeuta con quien pueda hablar de sus sentimientos. Recuerde que el dolor por una pérdida incluso en la relación más feliz puede durar años, y la muerte no termina la relación entre los padres y los hijos.