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TODO POR LA PLATA

Las sociedades suelen crear aquellos personajes, que a veces en medio del ojo entrecerrado de unos y a complacencia de otros, muestran con una vehemencia definitiva lo profundo de sus propios males.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El vivo es uno de ellos. Saboteando las reglas del juego, la igualdad de oportunidades y el respeto a los otros se le ve transgrediendo el tráfico en las calles para llegar primero o infringiendo los procedimientos para recibir atención preferencial. El vivo supone que es monarca absoluto de sus propios caprichos y que el mundo fue diseñado para rendirse a sus pies acostumbrados a pisar a los demás.

Pero también está el que ha hecho suyo el lema de Todo por la plata , una variación más contemporánea y quizá más nociva del viejo refrán de que por la plata baila el perro y por el pan si se lo dan .

Muchos problemas de este país se derivan precisamente de la existencia de fieles seguidores de este lema. Los corruptos, que piensan que lo público es un territorio propio y sin límites para sus ambiciones. Los amantes de la vida fácil que acuden a cualquier pretexto para garantizar las veleidades de su arribismo. Los arribistas que buscan escalar como sea para tratar de descrestar con sus ropajes de bisutería. Los vivos que se enorgullecen de una inteligencia que confunden con la astucia y que pasan la vida compadeciéndose de la abundante cáfila de los bobos .

Por eso no es nada aleccionador ni creativo llamar a un programa que se supone de entretenimiento Todo por la plata . Es, por el contrario, un mensaje que este país no necesita, abrumado como está por todos aquellos que han hecho de este lema un objetivo de su vida.

Pero cuando se padece el programa de Diego Fernando Londoño Televisión se comprueba con preocupación que el problema va más allá del nombre. Porque haciendo uso de eso que se llamaría la chacotería nacional , en una de las secciones se le ofrece dinero a participantes anónimos para que realicen actos extravagantes, nada ejemplarizantes e incluso peligrosos. En una emisión un concursante callejero admite que le pinten todo el cuerpo con los colores de la bandera nacional. En otra, un transeúnte necesitado acepta tomarse un vaso completo de ají picante. En otra, un joven fascinado por el ruido de las monedas permite que lo trasquilen y le dibujen en su cabeza la inicial de su nombre. Todo ello en medio de risas destempladas y unos cuantos billetes que la animadora bate con desparpajo ante la cámara.

Todo por la plata : el ridículo, el atentado a la salud, la autoburla. Alguien podría defender estas formas del exhibicionismo acudiendo al libre albedrío individual.

Sólo que estas demostraciones se hacen a través de un medio público dado en concesión a un particular en una franja familiar en la que aún se encuentran muchos niños.

No es este un camino sano para el entretenimiento. Debemos demostrarle al país que mucho más allá de la plata está la inteligencia, la creatividad, la solidaridad. Debemos decirle al país que son muchas las cosas que no se pueden comprar con plata. Ni con poca ni con mucha.