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UNA NOCHE EN CARDINALE PERO CONTIGO

Tengo más de cien filmes y aun no sé cuantos faltan . Así, bordeando los sesenta años de edad, a fuerza de finos cigarros y depurados movimientos, Claudia Cardinale resumió en el lobby del hotel Caribe de Cartagena -como si no hubiera pasado nada, o como si todo esto no fuera suficiente- una de las carreras más brillantes que el cine recuerde hasta el momento.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Y ahí estaba (y aún está), haciendo parte del elenco de la superproducción Nostromo. Ahí, la Cardinale, sin tapujos, sonriendo y saludando con dulzura y algunas veces con fortaleza.

Esa parte de mi me la descubrió Luchino Visconti. El me hizo ver que con mi boca podía decir cosas dulces y al mismo tiempo con mis ojos expresar cosas fuertes y penetrantes. Soy así .

Pero no sólo aprendió de Visconti, de todos también , dice. Por eso recuerda con felicidad... Fellini era maravilloso y de él aprendí que también en la anarquía se encuentra la belleza. De Herzog y Kinski que la locura es una aventura y hay que vivirla .

Pero ella fue y sigue siendo esa representación de la belleza, no de la locura. Ayer, sexi y tierna, tal vez; hoy, profunda y arruga, talvez, pero siempre y por siempre, bella.

Ella lo sabe, fue y es el encanto de su belleza de afuera y de adentro lo que enamora; y por eso fue amada por todos pero, en realidad, no por tantos.

Yo nunca fui una mujer de aventuras, me culparon de muchas pero siempre me respeté a mi misma. Sólo recuerdo que sin conocerlo, amaba a Marlon Brando. Pero un buen día en Nueva York tuve la oportunidad de acercármele y quise seducirlo; y cuando él lo entendió me empezó a seducir a mi. Allí ya no me gustó. Era muy fácil .

Está en Cartagena y por primera vez en Colombia. Ya la conocía, la leí por Gabo, creo que siempre estuve aquí. Ahora simplemente la piso .