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ERRAR NO ES MENTIR

Marie Monique Robin, periodista de 34 años, tiene un curriculum repleto de premios y reportajes sobre América Latina. Es autora de Sida y Revolución, galardonado con el Gran Premio de Investigación del Festival de Angers. De Cuba sí, Cuba no, Selección Oficial y premio del gran reportaje en Ligny.

28 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Su reportaje Ladrones de ojos, sobre el tráfico de córneas en Colombia, es objeto de una fuerte polémica y de procesos penales en Francia. El TIEMPO habló con ella en su oficina de la agencia periodística Capa, de París.

Cuál es su postura frente al escándalo legal de que es objeto su reportaje? Es importante subrayar que en mi película yo no acusé al gobierno colombiano. Nunca. El problema del tráfico de órganos es algo internacional. Hay una demanda en nuestros países, y los países del Tercer Mundo abastecen.

Cuál es la magnitud y el tamaño de este tráfico? No lo sé, pero sí sé que empecé mi investigación en Colombia sin saber muy bien qué iba a encontrar, ni siquiera estaba muy convencida.

Pero ahora sí lo estoy. Ese tráfico existe. No hay estadísticas, pero si no se denuncia, puede crecer, ya que la escasez de órganos aquí en Europa es tremenda. La espera para un transplante de córnea es de 3 años. (...) Y repito, yo no acusé a Colombia, pero soy consciente de que cuando saqué mi reportaje Colombia estaba en una situación difícil, pues coincidió con el informe especial de Amnistía Internacional sobre los derechos humanos allá, pero no hay que olvidar que fui la primera periodista extranjera en hablar del doctor Patarroyo. (...) No quiere decir que retire las denuncias que hice. (...) Lamento también que esta historia me impida volver a Colombia, un país que quiero tanto, justo cuando acabo de terminar una película sobre Patarroyo.

Qué le impide ir a Colombia? No sé por qué allá se tomaron tan mal las cosas. Con la embajada de Colombia aquí en París fue la guerra total, de inmediato. Ahora, debo decirle que he recibido amenazas telefónicas que me asustan mucho. No sé de quién. Me llaman, me dicen que lo que hice es muy grave, tengo miedo. Y en cuanto a ir a Colombia, ni hablar... Usted sabe cómo son las cosas allá. Por eso no pude acompañar a mi equipo de filmación en la película de Patarroyo, Usted está completamente segura de que en Colombia existe el tráfico de córneas? Es un secreto a voces. Yo tengo aquí un artículo publicado en EL TIEMPO el sábado 4 de marzo de 1995, que dice: Su cuerpos fueron hallados sin órganos , No se descarta que pueda tratarse de una banda dedicada al tráfico de órganos . Artículos como éste tengo una veintena, pero el problema es que, al parecer, la prensa colombiana sí puede decirlo, pero no la extranjera. No lo entiendo. (...) En cuanto a los procesos legales contra mi reportaje, yo decidí atacar al abogado de la embajada colombiana porque el personal de la embajada, en reuniones públicas, decía que yo había pagado a los testigos, que había inventado todo. Como ellos tienen inmunidad diplomática no podía acusarlos, por eso acusé a su abogado (Claude Pernet). En un debate en Versalles sobre trasplantes de órganos él hizo circular una carta diciendo que todo lo que yo decía era mentira. En ese debate, además, estaba el doctor Barraquer, lo que es sorprendente si se tiene en cuenta que era en Versalles. Fue muy violento, y personas cercanas a Barraquer vinieron a insultarme diciéndome hija de p... . Fue muy violento.

Cómo es su conflicto con Barraquer? El me acusó de difamación y por perjuicio comercial, y me pidió dos millones de francos (cerca de 400.000 US). Yo digo en el film que es una clínica muy conocida, y que no pude hablar con él porque nunca quiso recibirme. Según Barraquer, por culpa de mi película su clínica perdió clientes extranjeros en los 10 primeros meses de 1994.

Sabe usted qué otras investigaciones internacionales dicen que no hay pruebas reales sobre ese tipo de tráfico? Empecé mi investigación porque había oído fuertes rumores en Colombia, a través de amigos y con algunas ONG. Entonces comencé a investigar aquí en el instituto Francia-Trasplantes, y supe que trasplantar córneas es muy fácil, que pueden conservarse tres semanas después de la extracción, que no hay problemas de incompatibilidad, etc. También leí artículos de prensa, el escándalo de la Colonia Montes de Oca, en Argentina, y el caso de Barranquilla. Después, me di cuenta de que nadie quería hablar del caso.

El director de información del United States Information encargado del tráfico de órganos, el señor Tot Lowenthal, ha estado por todo Europa haciendo campaña contra mí... (...) Por eso digo que es un tema tabú, y uno puede preguntarse por lo que hay detrás. (...) En cuanto al caso del niño de mi reportaje, Jason, yo me basé en la declaración de la mamá (de que le habían sacado las córneas a los nueve meses). Ella pudo equivocarse, aunque me extrañaría mucho que así fuera. Pero si ese fuera el caso, por qué acusarme a mí de haber comprado los testimonios? Basta con demostrar, con los informes médicos, que hubo un error, y punto. En ese caso yo estoy dispuesta a reconocer que fue un error, pero no acepto que digan que mentí.

Qué dice el jurado El jurado del premio Albert Londres está compuesto exclusivamente por ganadores del propio premio. EL TIEMPO habló con la periodista Florence Dauchez, de la Televisión Francesa, ganadora el año pasado con un reportaje sobre el integrismo islámico en Argelia y jurado de la edición de este año.

El jurado sabía de la polémica desatada en Colombia por el reportaje de Marie Monique Robin, de acusaciones de falsedad y de haber comprado los testimonios? Sí sabíamos. Cuando se hacen reportajes de este tipo se está expuesto a las críticas, a las acusaciones. Cuando se muestra lo que nadie se atreve a mostrar o lo que nadie quiere que se vea es evidente que haya una reacción. Es algo que está en el espíritu profundo del premio Albert Londres de periodismo, de reconocer el trabajo de alguien va más allá de esas dificultades y se atreve a hablar. Y en cuanto a los pagos, quien haya hecho periodismo internacional sabe que siempre hay que pagar, empezando por quien nos transporta, el intérprete...Cuando es una familia de bajos recursos o con problemas específicos sobre el cual se está trabajando es obvio que siempre se da algo de dinero.

Según quienes acusan, en este caso no se trataría de propinas o pagos sino de fabricación de un testimonio.

No, es imposible...Para los jurados del premio el contacto humano es importante. La entrevista con Monique Robin nos convenció de que decía la verdad. Si la madre del niño cambió su testimonio después por intimidaciones eso es otra cosa.

Cuando habla de amenazas, de quién vendrían? No sé, seguramente de los que sacan provecho de ese tráfico. Y cuando digo amenazas, formas de coacción, me refiero a algo que tal vez también padeció la periodista.

Fue amenazada? No sabemos, pero incluso cuando no hay amenaza se corre peligro.

El jurado sabía que la Embajada de Colombia en París protestó por el programa desde la primera vez que fue emitido y que se hace cargo de dos demandas privadas contra el reportaje? Sí sabíamos. Pero lo consideramos normal por tratarse de un tema tan difícil y del que poca gente se atreve a hablar.

La protesta oficial de Colombia no terminó por convertirse en una ventaja en el caso del reportaje de Monique Robin? No, juzgamos exclusivamente lo que aparece en la pantalla, el trabajo periodístico. Ese reportaje es bueno porque informa y usa procedimientos técnicamente buenos como el de señalar la cámara escondida.

Por ser un reportaje demandado por falsedad, con el premio el jurado no corrió el riesgo de legitimarlo de antemano o tenía pruebas de su veracidad? Yo tengo la experiencia de Argelia, del reportaje con el que gané el premio Albert Londres en 1994, el cual hablaba sobre la división en las familias cuando un hermano es policía y el otro, islamita. Las autoridades me acusaron de falsedad y afirmaron que era un invento para desacreditar al país. Conozco mil casos así y el reportaje sobre Colombia es uno más. Lo que la periodista cuenta no se puede negar, es real, es algo que sucede en Colombia. Y el premio también tiene ese sentido: darle legitimidad al trabajo, ponerse de su lado, apoyarlo .

Pero, el jurado tuvo pruebas irrefutables de la veracidad del reportaje? El tráfico de órganos en América Latina es una realidad desde hace varios años. No es el primer reportaje sobre el tema. En Francia ya ha habido dos: uno de TF1 sobre Brasil y otro de Envoyé Special , sobre Argentina.