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MARTÍ: DEL REBELDE AL ANTIYANQUI

Los hechos se conocen con bastante exactitud. Hace cien años el escritor y líder político José Martí, a los pocos días de haber desembarcado en Cuba, muere en una escaramuza menor combatiendo a las tropas españolas. De aquella trágica jornada sólo hay dos datos equívocos.

27 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Nunca se sabrá si el Apóstol como le llaman los cubanos llegó a descargar su revólver, ni por qué el coronel Ximénez de Sandoval, jefe de la columna enemiga, siempre tan puntilloso en los detalles, creyó ver pupilas azules en el rostro del importante cadáver que le regalaba el destino para gloria de su hoja de servicio e infortunio de los cubanos. Martí tenía los ojos oscuros del color del café.

A partir de ese momento 19 de mayo de 1895 a Martí le ocurrió lo que él suponía que les sucedería a sus versos, no a su persona; comenzó a crecer bajo la hierba. Su fama y su prestigio se fueron estirando poco a poco, lentamente al principio, en los primeros años de la república, agigantándose luego con cada tropiezo que daba el país, con cada error cometido, con cada desmán, con cada ultraje, hasta dejar de ser una referencia histórica de carne y hueso y convertirse en un arquetipo, en una referencia moral, o en lo que los sociólogos llamarían un role model. Eso es Martí para los cubanos desde los años veinte de este siglo. En eso devino: en el role model de un pueblo confundido por su miserable destino de atropellos, fusta y destierro.

Naturalmente, la obligada pregunta es: role model de qué? Pues Martí, entre otras cosas, fue poeta, periodista, político, orador, dramaturgo e incesante conspirador. Y la respuesta no deja de ser sorprendente: role model de nada de eso. Lo que Martí les transmite a los cubanos es un modelo ideal de conducta rebelde frente a la opresión y de intransigencia ante la deshonestidad pública.

De ahí que todos los revolucionarios que han existido en Cuba a lo largo del siglo XX, todos los que han pretendido enderezar a tiros los múltiples trastornos de la república, Fidel Castro incluido, en la etapa insurreccional se hayan colocado bajo la advocación del Apóstol. Ese es el corazón del mensaje martiano que queda grabado en la memoria colectiva de la nación: los derechos se arrancan, no se mendigan , y para ello hay que estar siempre dispuestos a ofrendar la vida, dado que, al fin y al cabo, la patria es ara y no pedestal .

Obviamente, ese Martí rebelde y dispuesto al sacrificio que tan útil les fue, primero a los revolucionarios de los años treinta, y luego, en los cincuenta, a Fidel Castro, tenía que silenciarse cuando la revolución se convertía en poder y los sueños libertarios se volvían real politik, opresión y abusos contra el pueblo. De ahí que Castro, gran manipulador de símbolos, haya intentado enterrar al Martí rebelde y justiciero, azote de tiranos, para sustituirlo por otro role model totalmente adaptado a su conveniencia ideológica: el Martí antiamericano y anti-imperialista.

Es cierto qué duda cabe que Martí sospechaba de las intenciones políticas del gobierno norteamericano; tampoco es falso que temiera un rebrote del anexionismo capaz de succionar a Cuba con la inmensa fuerza centrípeta de Estados Unidos; e incluso ignoraría la historia quien no entendiese que Martí, in péctore, se percibía a sí mismo como una espada contra los españoles y un escudo frente a los yanquis.

En qué consistió, en realidad, el tan cacareado anti-imperialismo de Martí que Castro intenta magnificar? En algún comentario menor, deslizado en un par de crónicas a La Nación de Buenos Aires, comentario que el director, Bartolomé Mitre, por cierto, elimina del texto porque la Argentina formada por Alberdi y por Sarmiento es raigalmente pro norteamericana.

En qué más? En sus temores bastante infundados al insulso presidente Harrison, más abogado leguleyo que general imperialista. En su carta a Mercado, en la que consigna su secreto designio de impedir, con la libertad de Cuba, que Estados Unidos caiga con su fuerza más sobre Hispanoamérica, prevención excesiva, tanto por lo que tiene de irreal el análisis del fenómeno que cree se avecina, como por la valoración de sus propias fuerzas para impedir que suceda.

Ha sido de tal calibre e insistencia la manipulación de Martí por parte de Castro, que por primera vez en la historia de Cuba hay una generación muy joven que parece haber renunciado a la adopción del Apóstol como modelo moral, entre otras razones porque ya no lo identifican como el arquetipo del mártir rebelde, sino como el ideólogo antinorteamericano de una revolución que se estrelló en el fracaso. (Firmas Press).