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GINEBRA CUIDA AL MONO

Aún en vida, Benigno El Mono Nuñez se sorprendía con el renombre nacional que año tras año ganaba el festival de música que lleva su nombre. El Mono no se imaginó que iba a dejar como herencia a los pobladores de Ginebra, en el centro del Valle, un evento que convertiría a este sitio en el templo musical de las montañas colombianas.

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Ahora, los 10.000 habitantes de Ginebra cuidan con entusiasmo el legado que el Mono les entregó el 31 de diciembre de 1992, cuando falleció en Cali a la edad de 95 años. Este reconocido compositor e intérprete de la bandola, nacido el 6 de enero de 1897, representa el fervor que se vive en esta región cuando suena algún bambuco, pasillo, guabina o torbellino. Aunque el Festival de Mono Nuñez solo lleva 23 años de existencia, sus antecedentes reales se remontan a 1941, año en el que Benigno lideró la organización del Festival de Música Vernácula.

Posteriormente, los directivos de la Fundación Promúsica Nacional de Ginebra (Funmúsica), encargados de impulsar el evento, y los miembros de la alta sociedad de la población, decidieron bautizar el festival con el nombre de Mono Nuñez, en homenaje a un hombre que a pesar de su cabello blanco y su apariencia frágil era el más arduo defensor y expositor de la música nacional.

El Mono fue integrante de la estudiantina de Guadajara, fundó el trío Tres Generaciones y compuso reconocidos bambucos como Salespia y Belén. Como reconocimiento a esa labor, Funmúsica también emprendió otros proyectos que fortalecieron la imagen musical del municipio. Esta entidad sin ánimo de lucro creó el colegio Funmúsica, en donde se forman bachilleres músicos especialistas en los instrumentos nacionales. Así mismo, la entidad estableció en el municipio el centro de documentación Hernán Restrepo Duque. El centro fue fundado en 1991 y cuenta con más de 12.000 fonogramas y 7.000 partituras. Además, desde este sitio se coordinan talleres de apreciación de música colombiana, se producen programas de radio y se apoyan programas de investigación sobre el tema.

Todo esta cultura musical se respira en las pequeñas calles de Ginebra. Los espacios de esta ciudad, adornada con trazos de arquitectura colonial, son escenarios permanentes para los compositores y los grupos de tiple y bandola. En la Plaza Central se celebra anualmente, de forma paralela al Festival, un evento masivo por donde desfilan desde principiantes hasta reconocidos intérpretes de los aires musicales andinos.

Esta vinculación permanente de los espacios públicos con el quehacer musical se evidenció por muchos años en el colegio La Inmaculada, un tradicional plantel educativo, en donde se celebraba anualmente el evento antes de adquirir la trascendencia actual.

Año tras año, el coliseo Gerardo Arellano, en donde se realizan las eliminatorias para alcanzar el Gran Premio Mono Núñez, parece más reducido ante la afluencia de músicos y turistas. Este año a partir de hoy se espera que 60.000 personas inunden de pasión musical a este municipio con corazón de Mono.

Hasta el próximo domingo, Ginebra le contará a Colombia qué hay de nuevo en los ritmos andinos, en qué se está innovando en materia de tiple y bandola, qué se conserva de lo más tradicional de esta centenaria música colombiana.