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LA SELVA ÉRAMOS NOSOTROS

Uno, entre los casi siete mil dibujos que aparecen en la mesa de trabajo de Carlos Santa era la imagen de unos troncos de árbol que, invertidos, se convertían en grises, largos y fríos edificios.

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Imagen de ciudad. Infinito urbano. Cemento. Selva de cemento.

Imposible escapar de ese lugar frondoso que atraviesan cientos de figuras, a cuál más extraña, y en el que, todas ellas, a cada momento, se sienten ajenas.

Descifrar esa selva es una tarea compleja. Más lógico resulta, entonces, exorcizar lo que ella produce. Pero esto tampoco es fácil: a Carlos Santa se le fueron tres años en el intento. No fue en vano: de ahí nació La selva oscura, película de dibujos que puede ser vista como un réquiem por la ciudad o la historia de un lugar donde tienen asiento las desgracias o una voz que hace eco del caos de este tiempo.

Quince minutos nunca serían suficientes para decir todo eso, y sin embargo, Carlos Santa, artista del grabado y el cine (El pasajero de la noche fue su producción anterior) resuelve la situación con esta película que, si bien es muy personal, expresa el sentir del ser humano frente a la ciudad: Parto del presupuesto de que la época está perdida. La desgracia la define , dice Santa.

La selva oscura está habitada por extrañas criaturas que Santa asocia con desgracias como el dolor, los vengadores afanes, las cegueras, las enfermedades, el miedo, el hambre, la pobreza, la burocracia, la idolatría, la información, la guerra, la muerte y un largo etcétera. Estos conceptos fueron puestos sobre la mesa en millares de dibujos que él hizo, y que luego se filmaron. Sus formas eran las de insectos gigantes, animales mitológicos, infladores y cabezas de ídolos, seres en transformación, vías que se multiplican, grandes construcciones... Y frente a todo ese mundo, una mirada subjetiva: la de un hombre que está perdido. Avanza por ahí, casi sin sentido. Todo parece caer; todo es muy efímero. Al final, no hay un suelo. Pero todo, ídolos, risas, construcciones, animales y hombres, caen.

Sin embargo, la caída también significa adentrarse, ir más allá. El pasajero de la noche era más epidérmica, esta es más profunda , cuenta el realizador.

Como de lecturas, La selva oscura está llena de referencias. Entre éstas, Carlos Santa habla de su propia ciudad, Bogotá, donde nació hace 37 años; también, El Infierno de La Divina Comedia, de Dante Aligieri y La Eneida, de Virgilio, a quien cita al comienzo de la película.

La selva oscura, realizada con el apoyo de Arte Dos Gráfico y Anima S.A., nació en una mesa. Suficiente con un lápiz, cinta y papel. El proceso, en términos de filmación atravesó las etapas de dibujo (con tinta china, óleo y, en otros casos, montajes o collages), acabado, corte, ensamblaje, filmación imagen por imagen y, posteriormente, vino todo lo que implica la postproducción: edición, musicalización y reproducciones. Santa, director y guionista de la película, participó directamente de todos los procesos: yo creo que el artista tiene mucho de artesano, por lo menos en un tiempo fue así. A mí me gusta recuperar ese sentir .

Hoy la obra se exhibirá al público en el auditorio Skandia a partir de las ocho de la noche. Allí también estarán algunos de los dibujos usados y una serie de cajas realizadas con imágenes de la película con figuras superpuestas como ocurre con los múltiples escenarios de la producción.

La próxima semana, La selva oscura hará un recorrido por la ciudad. De martes a sábado, en las horas de la noche, se proyectará en sitios abiertos al público. La situación se invierte, ahora vamos nosotros a buscar espectadores. Estamos a la espera de los ociosos y queremos mostrar la obra en su entorno natural. Hoy, cuando por fin las personas se preguntan por la ciudad .

La selva oscura Solos iban en la nocturna oscuridad, cruzando los desiertos y mustios reinos de Dite, cual caminantes en espesa selva a la siniestra claridad de la incierta Luna.

Me encontré perdido entre los ídolos y las hondas que crecen silvestres en los jardines de los ciegos. Los guía el becerro y todo lo que toca se convierte en materia, monóxido, en oro estremecido.

Questa selva selvaggia ed aspra e forte che nel pensier rinova la paura.

Allí moran también las pálidas enfermedades y la triste vejez.

La pobreza que sigue el camino de la pólvora y toda la ceguera.

Habitan además aquellas puertas, el miedo, las quimeras, la técnica que derrama su triste veneno en los ríos sagrados.

La insensata discordia, los vengadores afanes que a dentelladas cierran las alas al amor, que nos guiará a mejores aires.

Es verdad, somos los creadores de nuestras propias desgracias.