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EN LA CANDELARIA, UN COCHE VIAJA AL PASADO

En las calles del barrio El príncipe se escucha el romántico trotar de un caballo que tira de un coche.

27 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

No es un fantasma y tampoco una leyenda, es el sueño de un colombiano que rehabilita drogadictos.

El carruaje, de color blanco, fue bautizado como fe en Dios . Es copia de un modelo inglés de mediados del siglo pasado y construido con mano de obra nacional.

Ese particular vehículo se puede abordar en el hotel Dann colonial ubicado en la calle 14 4 # 41.

Durante una hora se desplaza por los sitios donde un día transitó, sin mucha prisa, la historia del país.

Por 8.001 pesos se tiene derecho a mirar a los asombrados traseúntes que no lograr entender de donde salió cochero, coche y caballo.

Obviamente llama mucho la atención la arquitectura, que en el sector es sin duda extraordinaria.

El paseo incluye un guía turístico que refresca la memoria urbana con entretenidos relatos sobre la arquitectura bogotana, la historia y las costumbres de una época que simplemente regresó.

El paseo baja por la calle 13 para tomar la carrera octava hacia el sur. Pasa por la Plaza de Bolívar, el convento de Santa Clara, y el observatorio astronómico donde Mutis y el Sabio Caldas estudiaron el firmamento.

Luego desvía por la carrera novena y sube por la calle séptima hasta detenerse frente al convento de San Agustín.

En toda esa zona, los balcones, los techos voladizos y los detalles decorativos llaman la atención del que hace el feliz trayecto.

Después, el carruaje voltea hacia el norte por la carrera séptima para que el turista conozca el Palacio de Nariño, El monumento de Ayacucho, la Catedral Primada y la Casa del Florero.

En esta parte, vale la pena aclarar que la fe no sólo mueve montañas, sino que desaparece los trancones. El paseo se hizo a las cinco de la tarde.

La chispa de los peatones, entre asombrados y curiosos, no se quedó atrás. Alguien grito: bájele al radio y otro agregó colóquense el cinturón de seguridad .

También hubo respetuosos aplausos y vivas enardecidos de pelafustanes que corrían detrás del carruaje con su loca algarabía de infantes callejeros.

Al subir por la calle 12 los conductores dejaron su prisa constante para, con señales de pito y luces, ceder el paso.

Después, por la carrera sexta hacia el sur, se pasa por la casa del Marqués de San Jorge, se toma la calle séptima y de nuevo al norte por la carrera quinta.

En ese tramo el pasajero contempla la soberbia arquitectura de la Iglesia del Carmen, y un poco más adelante la esquina castellana que tiene Bogotá, el Camarín del Carmen.

Otra vez sube por la calle 12 donde se conserva la casa que sirvió de cuartel, en sus operaciones de libertad, a Policarpa Salavarrieta.

Por la carrera primera se dirige a la Plazoleta del Chorro de Quevedo donde habita la ciudad bohemia.

En ese punto, el turista es invitado a tomar un delicioso chocolate santafereño acompañado de colaciones, cuentos y tradiciones que no se borran de la mente de los abuelos del barrio.

El descanso es aprovechado para tomar fotografías y comprar artesanías que se convertirán en los recuerdos de la Candelaria.

Terminada la cena, toma la carrera tercera y desciende por la calle 11 para conocer las fachadas de la Casa de la Moneda, la Biblioteca, y la puerta falsa de la Catedral.

De nuevo la carrera séptima hacia el norte, y otra vez la sorpresa, el coche lleva los faroles encendidos y el elegante misterio del viejo transporte vuelve a arrancar oleadas de aplausos y gritos de la gente que no entiende de dónde salió.

Los conductores y policías de tránsito caen en la trampa del encanto, y en una especie de complicidad citadina colaboran para que el viaje transcurra sin inconvenientes.

A las seis de la tarde voltea hacia el oriente por la Avenida Jiménez, pasa lentamente por el frente de la Plazoleta del Rosario y sube para tomar su última ruta por la carrera cuarta.

Baja en contravía, que nadie denuncia, por la calle 14, y se estaciona frente a la puerta del hotel Dann.

Una voz, de inconfundible acento cachaco, le dice al pasajero: ala mi rey, cómo te pareció ?