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LOS SALTARINES , OTRO CLÁSICO

Las barras de saltarines de Santa Fe y Millonarios, que se ubican en la tribuna de oriental general, en la que los viejos hinchas dicen que se ve mejor el fútbol que se juega en El Campín, también disputaron su clásico el miércoles por la noche...

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

A diferencia con el resultado que sus ídolos lograron sobre el gramado (empate a un gol), ambas barras ganaron en las graderías.

Mucho antes de que las porristas y los equipos aparecieran sobre el césped, la Barra del Búfalo (el grupo de muchachos que alienta a Millonarios) y la barra Santa Fe de Bogotá (que con sus cánticos hace fuerza por los éxitos rojos en cada presentación), prendieron la clara y fría noche capitalina con sus punzantes, mordaces y, a veces, ofensivos cánticos en contra de los rivales y, a favor, claro está, de su equipo del alma.

En el lado norte, los de azul no se cansaron de gritar, brincar y agitar sus brazos. Además, tienen la particularidad de poguear , es decir, jalarle al baile de rock duro chocándose los unos con los otros mientras van entonando sus coros. Algo así, como celebran ahora los jugadores del baloncesto profesional de los Estados Unidos (NBA), hombro contra hombro.

En el costado sur, por su parte, la fundadora de esta versión rola de las barras argentinas, tampoco sintieron fatiga al saltar mientras cantaban para la B, para la B, Millos se va para la B .

Pasaron los noventa minutos de juego: los de Millos salieron conformes porque a la larga el resultado pudo ser peor de los dirigidos por Vladimir Popovic.

Sin embargo, otro ambiente se respiraba del lado de los saltarines de rojo : a ellos la sangre les hervía porque el juez del cotejo había dejado de pitar dos penaltis, según ellos, claritos.

A la salida nos vemos...

Así, recalentados, los muchachos de la Santa Fe de Bogotá , se fueron de la tribuna echándole madrazos al árbitro Oscar Julián Ruiz y con el ánimo como de cobrar venganza.

El grupo, tal vez de unos 25 jóvenes, salió de El Campín por la puerta central. Allí se reunieron para gritar un par de coros en contra de los de azul, mientras el resto de asistentes caminaba en busca de la salida. La aglomeración era grande, porque la tribuna de oriental estuvo prácticamente llena.

Entonces, uno de los de la barra ordenó a los demás perseguir a un hincha de transistor y camiseta de Millos que pasaba por allí, para golpearlo. El buen comportamiento en la tribuna lo iban a borrar en las afueras del escenario.

Se inició una corta persecución que terminó cuando se encontraron de frente con un piquete de nueve policías antimotines que estaba frente al Monumento a la Juventud, ubicado en la zona verde que separa al estadio de la carrera 24.

Como cuervos asustados por los espantapájaros, los saltarines hinchas del Santa Fe se replegaron pero siguieron provocando y amenazando a todo aquel que veían de azul.

Hasta que algunos agentes de la Policía, en una escaramuza que duró pocos segundos, los persiguieron blandiendo sus bolillos de dotación.

Como por arte de magia, los de la barra Santa Fe de Bogotá desaparecieron...