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LA BANCA DE EE.UU. ESTRECHA EL CERCO A LOS NARCODÓLARES

Una tarde hacia fines del año pasado, Robert Hirsch, abogado especializado en banca y la industria de espectáculos, recibió una llamada telefónica de una mujer del Cartel de Cali que lo amenazó con despedazarlo a él y a su familia si no entregaba US$425.000.

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Al día siguiente, la policía de Nueva York y agentes federales que habían instalado escuchas en su casa le informaron que unos asesinos lo estaban esperando para matarlo en su oficina de Manhattan. Hirsch fue trasladado a una casa de seguridad , pero no se dio cuenta de que los agentes también sabían que había robado US$2,5 millones a miembros del cartel, gente que en otra época había sido una rica fuente de ingresos para Hirsch.

De este modo, las fuerzas policiales comenzaron a conocer los detalles de un plan de lavado de dinero de drogas por valor de US$100 millones, que los agentes describieron como una de las mayores operaciones de su tipo descubiertas en Nueva York. La investigación llevó al encausamiento bajo cargos de delitos mayores de 23 personas, que en su mayoría se declararon culpables. También ejemplifica la participación cada vez mayor de los profesionales, aparentemente inocentes, en el mundo del lavado de dinero.

El lavado del dinero procedente del narcotráfico ha llegado a ser un proceso tan complejo que requiere de individuos con profundos conocimientos jurídicos y de banca , dice Gregory Passic, agente supervisor de la Dirección Antinarcóticos (DEA) de EE.UU. El problema son todos los Hirsch de Nueva York, porque los abogados dejan que las cuentas bancarias de sus firmas se usen para transferir dinero .

La operación de lavado de dinero incluye al socio de Hirsch, Harvey Weinig, ex profesor de Derecho y amigo de destacadas personalidades de la sociedad neoyorquina, incluido un oficial de policía, un ex bombero y un grupo de perversos miembros del Cartel de Cali, según una demanda penal presentada ante un tribunal federal por la fiscalía federal de Nueva York.

El sacudón Aunque el arresto de Hirsch y Weinig en noviembre pasado estremeció al mundillo de los abogados de Nueva York, su efecto se hace sentir en momentos que aumentan las tensiones entre los gobiernos EE.UU. y Colombia en relación con el tráfico de cocaína.

En febrero, el Senado de EE.UU. amenazó con imponer sanciones a Colombia a menos que ese país tome medidas vigorosas contra los traficantes de cocaína que se han establecido en Cali. Este tipo de presión contribuyó al arresto en marzo de Jorge Rodríguez Orejuela, un líder del Cartel de Cali.

Aunque la publicitada muerte de Pablo Escobar en Colombia hace dos años puso fin al reino de Medellín como el centro de las guerras por la droga, un grupo mucho más sofisticado ha surgido en Cali.

Según funcionarios policiales de EE.UU. y Colombia, los traficantes de Cali utilizan computadores para escuchar llamadas telefónicas en Colombia y lavar miles de millones de dólares en ganancias de las drogas, todo ello con la ayuda de una red internacional de profesionales.

Hace una década, los traficantes enfrentaban la pesadilla logística de cambiar billetes pequeños por billetes más grandes y luego trasladar grandes fajos; hoy los problemas son distintos.

Las leyes y las normativas exigen que los bancos vigilen mucho más de cerca el lavado de dinero , afirma Robert Powis, de Interpass Ltd., consultora de seguridad de Nueva York. Así que los que lavan dinero tienen que esforzarse más para que no los detecten .

Los traficantes ahora prefieren evitar el lavado de dinero a través de bancos y realizan transferencias electrónicas de fondos y envían cheques a otros continentes. Como tantas de estas transacciones financieras pueden realizarse sin entrar a un banco, la pantalla para estas actividades puede ser desde un negocio minorista hasta una oficina de corretaje. Incluso lo puede hacer una firma de abogados.

La firma de Harvey Weinig movía bastante dinero de drogas, según la demanda federal, para la sorpresa de muchos que conocían a los socios. Todo esto me resultó una sorpresa completa , afirma Steven Polivy, abogado de Nueva York. Harvey Weinig siempre ha sido franco, inteligente y responsable .

De hecho, los amigos de Weinig dicen que no estaba consciente de la presunta confabulación y que Hirsch le preparó una encerrona. Sin embargo, lo que ha salido a relucir hasta ahora hace dudar de ese punto de vista. Los agentes del orden alegan que fue un antiguo cliente de Weinig, Richard Spence, quien convenció a los socios a integrarse al mundo del lavado de dinero.

Según la demanda federal, el Cartel de Cali usó la firma de abogados Hirsch Weinig para facilitar y ocultar sus actividades ilegales . Se afirma que la operación contaba con numerosas mulas, transferencias electrónicas y puntos donde se dejaba el dinero, incluido un casillero del tamaño de un refrigerador en el sótano de la estación de policía número 48 de Nueva York, que ahora la policía de esa ciudad investiga por sospechas de corrupción.

Miembros del grupo de traficantes solían recoger el dinero de las ventas callejeras de cocaína y lo depositaban en cuentas bancarias controladas por Spence o por la firma Hirsch Weinig, según la demanda. El dinero de estas cuentas se transfería electrónicamente a un banco suizo privado, operado por otros dos miembros del grupo. Desde Suiza, el dinero _sus orígenes ya ocultos_ regresaba a Cali.

El centro del movimiento La DEA afirma que alrededor del 75% de todo el dinero generado por la cocaína de Colombia se lava en Nueva York, porque es el lugar donde se puede mover el dinero con mayor rapidez. La demanda alega que durante 1993 y 1994 el grupo de Spence lavó entre US$70 millones y US$100 millones. La comisión del grupo era, al parecer, el 7% de cualquier cantidad de dinero que transfería. Con el tiempo, según los órganos policiales, la operación quedó a cargo de Spence, con Weinig y Hirsch a cargo de la contabilidad y la coordinación de la liquidez y las transferencias electrónicas.

Hirsch, que se niega a comentar sobre el asunto, ya se declaró culpable de lavado de dinero y de robar US$2,5 millones al Cartel de Cali, y aguarda sentencia. Weinig tampoco quiere hacer comentarios, pero se declaró inocente de los cargos.

La abogada de Spence, Deborah Schwartz, dice que su cliente planea declararse culpable.