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IZQUIERDA Y CAGAJÓN

Como ya se dijo bastante sobre los buses, pero el Datt guarda silencio y aquellos siguen teniendo la vía , volvamos los ojos a otros aparatos que causan también varios problemas el tránsito capitalino; las volquetas.

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Es obvio que Bogotá es una ciudad en construcción dado que pululan las volquetas a todas horas y por todas las vías. Que pululen no es grave. Lo malo es que las benditas siempre transitan, sistemáticamente e incorrectamente, por el carril izquierdo, destinado a los vehículos de mayor velocidad, según lo indican en vano, de trecho en trecho, unos carteles verdes con letras blancas y otros blancos y rojos que gráfica e inútilmente remiten a los pesados , con una flechita, hacia la derecha.

Pero nada. Las volquetas son dueñas del carril izquierdo. Y su mal ejemplo ha arrastrado a mezcladoras, camiones, carrotanques y a toda la gama de los pesados , que transitan orondos a paso lento y taponan el carril para quienes van de afán o necesitan adelantar. (A los buses claro). Esa legión de conductores izquierdistas habrían tenido remedio si la adorable Canciller Noemí hubiera prestado oídos a la reiterada solicitud de que les cancelara la visa a todos esos choferes británicos de volquetas y pesados . Con lo que además habría aliviado el desempleo.

Y algo quizá peor: una disposición distrital obliga a cubrir totalmente la carga con una lona, lienzo, trapo o algo análogo, asegurado a los bordes, para evitar que el material transportador caiga al piso. Y miren ustedes el chiro que le echan encima, al desgaire, como aquel pañuelito diminuto y bordado que las señoras se colocaban sobre el peinado cuando debían entrar de improviso a una iglesia, chiro que naturalmente permite que el barro, la greda, el cascajo, los detritus etc. vayan chorreando en cascada sobre el pavimento y dejen como Pulgarcito un sendero de porquerías que luego, pisan todos los carros hasta incrustarlas en el asfalto, que a su vez se agrieta, se raja, se cuartea, se revienta, y ahí tenemos la interminable serie de incipientes hoyos y crecientes hoyas para tormento de conductores y desbarajuste de automotores.

Claro que algo de esto ocurría también en el pasado con las caballerías. Con la diferencia de que no existían pavimentos, de que era gratis el abono para quien lo recogiera, de que no había automóviles y de que aquellos caminos por lo general tenían la franja central ornada por verde grama y tal cual hermosa florecita silvestre...