Archivo

DOS MAGNATES TRAS CHRYSLER

Lee Iacocca sorprendió a la industria del automóvil y de paso, a Wall Street, al unirse con el inversionista multimillonario Kirk Kerkorian, en un espectacular intento por asumir el control de Chrysler, el tercer fabricante de automóviles de los Estados Unidos.

22 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El anuncio asombró a todos, pues hace sólo tres años, Iacocca, de 67 años de edad, había aceptado entregar la presidencia del consejo de administración de la compañía, a Robert Eaton, ex-ejecutivo de General Motors, y a quien Iacocca había elegido como su sucesor. Pues bien, resulta que ahora todo el mundo se pregunta qué se trae entre manos este multimillonario que niega cualquier ambición de volver a la dirección de la compañía, pero esboza proyectos para el futuro de la empresa.

Lo cierto es que cualquier trato entre estos dos multimillonarios ha hecho mover a Wall Street y ha inquietado a la industria automotriz.

Y no es para menos, pues después de tres meses de tendencia a la baja en el valor de Chrysler, Kerkorian ofreció a los inversionistas 55 dólares por acción de la compañía, un 40 por ciento sobre el precio de 39.25 dólares al que se cotizaba un día antes de que se hiciese pública la oferta. Esto significaría un trato de unos 22.800 millones dólares.

La operación, sin embargo, no llegó a feliz término, y el propio presidente ejecutivo de la compañía negó la venta, sobre todo porque Kerkorian tenía previsto financiar su compra parcialmente con unos 7.500 millones de dólares de la reserva de efectivo que la empresa había apartado para utilizarla en años difíciles. Eaton dijo: No queremos poner a Chrysler en peligro .

Pero los analistas creen que en efecto, Chrysler ya está en peligro, o por lo menos en juego. La oferta de Kerkorian un hombre de negocios que ya tiene 77 años y a quien le encanta comprar empresas, aunque no dirigirlas, significa que los administradores de Chrysler tendrán que luchar para defenderse.

Acciones en alza En 1990, en medio de una recesión que llevó a la empresa al borde de la bancarrota, por segunda vez en una década, Tracinda Corporation, propiedad de Kerkorian, empezó a comprar acciones de Chrysler a 12.37 dólares por acción. Hasta ahora ha gastado aproximadamente 676 millones de dólares y ha acumulado una participación del 10 por ciento.

Al percatarse que no había reunido un céntimo para la financiación de su plan de absorción, algunos analistas de Wall Street sospechan que el verdadero objetivo de Kerkorian no es comprar la empresas, sino hacer subir el valor de las acciones.

De hecho, por dar a conocer sus intenciones, Kerkorian hizo subir el precio de las acciones de Chrysler a 9.50 dólares por acción, que seguía estando a 6.25 dólares por debajo de su precio de oferta -señal de que en Wall Street no se tenía pleno convencimiento de que la oferta iba en serio-.

La oferta de Kerkorian tuvo otros efectos. Sólo un día después de darse a conocer la intención de este multimillonario, la empresa anunció una caída de las ganancias de un 37 por ciento durante los tres primeros meses del año. Los ejecutivos de Chrysler lo achacaron a los elevados gastos de lanzamiento de la camioneta rediseñada y los gastos de 115 millones de dólares en reparaciones gratis del pestillo defectuoso de la puerta trasera de camionetas más antiguas, y una disminución de las ventas del 7.2 por ciento.

En 1994, Chrysler reportó un récord de beneficios de 3.700 millones de dólares con unos ingresos de 52.000 millones.

El jugador Kirk Kerkorian, de 77 años, sigue siendo un hombre de negocios aficionado a comprar empresas. Los tratos parecen satisfacer al jugar que hay en él. La empresa que tiene actualmente en la mira es la misma a cuya protección Iacocca dedicó los mejores años de su vida.

Para muchos, Kerkorian se podría sentir más cómodo en Las Vegas que en Hollywood. Después de la Segunda Guerra Mundial, compró aviones restaurados para trasladar a los jugadores desde Los Angeles a los casinos. A partir de eso, desarrolló unas modestas líneas aéreas que vendió en 1968 con un acuerdo que finalmente le reportó 104 millones de dólares. Ese dinero, le ayudó a construir y luego vender hoteles cada vez más grandes en Las Vegas, una secuencia que remató con la inauguración del MGM-Grand de mil millones de dólares, con 5.005 habitaciones, un escenario para 15.000 espectadores y un parque de 13 hectáreas.

Kerkorian es un hombre discreto, de voz dulce y educación impecable. Pero en un momento decisivo puede ser implacable a la hora de desbaratar una empresa.

Un inversionista A los 67 años, después de haber puesto a flote al gigante de los automóviles que había estado al borde de la bancarrota, dos veces en diez años, Lee Iacocca le ha añadido un capítulo más a su fantástica carrera de hombre de negocios. Aunque niega su ambición de volver a la dirección de la Chrysler, sus más cercanos creen que recuperar el poder en esta compañía sería muy dulce para él.

La verdad es que está muy bien empezar un negocio que vende aceite de oliva para untar o promocionar casinos de juego en reservas indias -dos de sus ocupaciones recientes-, pero no se puede comparar con que el presidente te devuelva las llamadas.

El afirma que sólo es un inversionista, nada de dirección, nada de gestión, nada de nada . Pero diga lo que diga, no puede evitar entusiasmarse con la compañía. Iacocca ha deseado durante años hacer de Chrysler una operación verdaderamente internacional con posibilidades de ventas y fabricación en todo el mundo. Hace unos meses, se quejó: No tenemos presencia global. Somos grandes en Canadá y fuertes en Estados Unidos. Sin contar estos países, la verdad es que nosotros no tenemos categoría .