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EL MURO DE LOS LAMENTOS

Con los impuestos funciona el gobierno o se hacen algunas obras o se pavimentan calles, a veces sin cemento y con arequipe color oscuro, como lo hemos denunciado los ediles de Chapinero a la Personería distrital. Bogotá en tiempos pasados, en la dictadura del Concejo, derrochaba los dineros públicos y arruinaron las empresas de teléfonos, energía y acueducto. Ahora, el Concejo y el alcalde Mockus sí están cuidando el dinero. Si ustedes no pagaran impuestos, no existirían los funcionarios, los parlamentarios, los autos oficiales, los asesores y tampoco la diplomacia ni los otros cuerpos del poder. Moraleja: pague impuestos pero proteste si los derrochan en actos inútiles como la reunión de los Países No Alineados , o los rifan a la ligera en las licitaciones de carreteras, puentes y compras oficiales como en tiempos pasados ha ocurrido...

24 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Por pagar una multa que me gané por no ponerme el aburrido cinturón del carro que conduzco, fui a un edificio caluroso, congestionado y horroroso en su color cemento. Está ubicado en la carrera 30 de Bogotá y bien merece que lo llamen El muro de los lamentos aunque le dicen el Palacio Distrital.

El edificio recoge diariamente a siete mil personas que van a suplicar que por caridad les revisen el valor equivocado que les llegó en el formulario verde del impuesto predial. Ya lo saben: o paga o lo embargan y quéjese al Rey de España, que lo pillaron muy desnudo.

Ni piensen que esos errores son culpa del buenote y honesto de Antanas Mockus, es una pifia del computador al que le pisaron una tecla y en vez de salir veinte mil salió doscientos mil pesos. Vainas de la técnica moderna , diría un genio de los muchos que hoy asesoran al poder con sus ideas deslumbrantes pero inefectivas.

La vaina amarga, me contaba una señora angustiada que abandonó la casa para ir al reclamo, es que le proponen al doliente que pague y luego pida restitución, o que deje el saldo para el próximo año. Es tan buena paga el gobierno para aceptar esa dulce oferta? Juro que ni en Suiza se la creen.

Mientras pagaba mi multa del cinturón, un tramitador de papeles me contó que buena parte de la violencia verbal de Bogotá tiene sus raíces en esas colas largas y tediosas a que someten a la gente en Teléfonos, Tránsito, Tesorería, Seguros y Catastro. Qué puede hacer la gente? le pregunté en plan de edil... pues recurrir al viejo dicho que expresa: el que no llora no mama . Pues a llorar al edificio del Catastro, a la carrera treinta donde, tras el tinto del empleado, le atienden el reclamo.

Entrar a ese edificio es como ver una película de ficción: en la puerta ofrecen paz y salvos en blanco impecables, camionetas venezolanas a rico precio, y atérrese, hasta licencias en blanco para construir edificios.

Según los publicistas del Palacio Presidencial, hoy estamos en el tiempo de la gente. Sí... de la gente que vive en los trancones y hace cola, reniega y dice palabrotas a la hora de pagar el antipático predial.