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SIN REVANCHISMOS

La caja de Pandora que destapó el presidente Samper con su reciente anuncio en Cartagena sobre posibles reformas de carácter constitucional al Congreso, ha generado reacciones de toda índole, algunas con ánimo revanchista como las de unos cuantos congresistas.

24 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Las declaraciones del Fiscal General de la Nación, doctor Alfonso Valdivieso, sobre nueve parlamentarios y otras personas comprometidas de haber recibido contribuciones de empresas vinculadas al cartel de Cali durante la pasada campaña electoral, prendieron la batahola entre los representantes de distintas ramas del poder, especialmente el Legislativo y el Ejecutivo que el país viene contemplando estupefacto y dio lugar a la creación casi que inmediata de una comisión que en breve plazo debe presentar recomendaciones al gobierno sobre posibles reformas constitucionales del Congreso, el Estatuto de la Oposición y el financiamiento de los partidos para campañas políticas. Esta comisión ha causado desconcierto, no tanto por las personas que la integran y su respaldo político que ha sido cuestionado por algunos grupos, sino por la inoportunidad de su creación.

No creo en la intangibilidad de la nueva Constitución, y pienso que puede y debe reformarse en aquellos aspectos en los que se vayan viendo errores o cuando vaya quedando desactualizada por los desarrollos políticos.

Me gusta más la composición bicameral del Congreso que la adopción de una sola Cámara, propuesta que de entrada hizo pensar en una posible revocatoria del mandato, como sucedió en forma arbitraria y equivocada en 1991. Sin embargo, opino que el establecimiento de la circunscripción nacional del Senado dejó prácticamente sin representación a los departamentos pequeños y a algunos medianos, defecto que debe corregirse a la mayor brevedad, como lo propusimos los delegados del conservatismo en la Constituyente.

Pero lo que a mi juicio ha sido un error fue volcar esta caja de Pandora de reformas a la Constitución, precisamente cuando están aún pendientes las investigaciones y fallos de la Corte Suprema de Justicia en el caso de los nueve congresistas acusados por el Fiscal de posibles vinculaciones con el narcotráfico.

Mientras el Congreso no se purifique de estas eventuales manchas de carácter moral por los procedimientos que señala la Constitución, y el Fiscal no defina ante la opinión pública estas graves acusaciones, el Congreso no puede entrar a examinar y decidir sobre estas reformas. Sólo un Congreso purificado mediante fallos judiciales tiene autoridad moral para resolver estos cambios constitucionales, en particular tratándose de su misma esencia.

En esto se equivocó seguramente de buena fe- el presidente Samper y dio motivo a que el Congreso, prácticamente unificado como cuerpo por una eventual revocatoria de mandato, arremetiera presentando contrarreformas de la rama ejecutiva, como la creación absurda entre nosotros de un sistema parlamentario con un Primer Ministro que le quite atribuciones y majestad al Jefe del Estado.

Estas propuestas revanchistas, fruto de reacciones emocionales, pueden provocar serias distorsiones en nuestra Carta Política. Según lo dispone el artículo 337 de la nueva Constitución, las reformas al Congreso deberán someterse a referendo, si el cinco por ciento de los ciudadanos que integran el censo electoral así lo solicita.

Si se adopta este procedimiento, de común acuerdo con el gobierno o por iniciativa de uno de los partidos políticos, se evitarían reformas improvisadas, como la que se propone en la actualidad, que más parece ser fruto del espíritu revanchista que vive el país, que el de un verdadero sentir nacional.