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LOS PARCES DENUNCIAN PERSECUCIÓN

En un abrir y cerrar de ojos la calle caliente quedó sola a pesar de que según cuentan los vecinos de Siloé todos los días a las 12 del día en el puente de la suerte se reúnen más de diez pandilleros a fumar basuco y marihuana frente a la Estación de Policía de El Cortijo.

25 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Andrés, un muchacho de 17 años que aunque no es el líder tiene peso en la pandilla, dice que ellos saben cuándo la ley viene desde que llegan a la galería, pues dan mucho visaje . Pero admiten que verlos en las calles espanta a los jíbaros (los que venden la droga) y no deja que los integrantes de otras pandillas suban a buscar problemas.

Entre tanto, al otro extremo de la ciudad, en el Distrito de Aguablanca, los operativos ya ni asustan a los pandilleros. Ellos saben que al que cojan vuelven y lo largan y si no hay una orden judicial escrita nadie puede entrar a sus cambuches. Esta teoría del derecho elemental la aprendieron dicen ellos de los instructores que dictan los programas de Desarrollo, Seguridad y Paz (Desepaz).

La mayoría de ellos (17 de los 26 con que habló EL TIEMPO) pertenecían al programa Parces pero desertaron porque no les cumplieron las promesas que a través del programa les habían hecho. Los otros nueve nunca se han interesado porque conocen la decepción de sus compañeros. Además dicen ser Parce es firmar la sentencia de muerte, lo que tiene la intención de Desepaz a punto de desaparecer.

Según la coordinadora de Desepaz para los derechos humanos, Elizabeth Caicedo, el discurso que se le da a los jóvenes es totalmente contrario a la realidad y el programa se ha convertido más en una lavadera de imagen para la administración que en un compromiso real con los jóvenes en alto riesgo.

Esta falasia cree ella se hace para que al municipio le puedan dar préstamos internacionales, pues uno de los requisitos para el desembolso de la plata es que se muestre a nivel mundial que la ciudad solicitante tiene un programa organizado en pro de los derechos humanos. Pero es más la bulla que la acción dice porque la cobertura en derechos humanos es de solo el 0,3 por ciento con relación a la población. Los instructores llevan cinco meses sin salario, no tienen ni para el bus para ir a Aguablanca, no hay ni siquiera papel para la labor didáctica y así no se ven resultados.

Lo más grave continuó es que en las pandillas existen muchachos que quieren cambiar, muchachos malos y muchachos remalos. Los malos y remalos no se acercan al programa Parces, pero los del cambio sí lo hacen y al no ver resultados en fuentes de trabajo y microempresa, se aburren, se retiran y después aparecen muertos .

Ante esta realidad, la Mesa de Trabajo por la Paz de Cali, compuesta por la Arquidiócesis, Desepaz, la Defensoría del Pueblo, la Personería y las entidades comunitarias, se pronunció por la tortura y asesinato de siete jóvenes en proceso de cambio y por la creciente tendencia de exterminio y agresión hacia los muchachos del programa Parces.

El Consejero de Paz, Germán Cobo, manifestó que el comunicado expedido busca que se realice una investigación profunda por la presunción de responsabilidad oficial que hay en estos hechos y que ponen en tela de juicio la debilidad e ineficacia del sistema judicial.