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EN ESPERA, 1.500 CIRUGÍAS EN HOSPITAL DE SINCELEJO

Simón Vergara es un anciano de 57 años, pero con los bríos y resistencia de un joven de 20, que aún piensa morir de pie como el roble y observando el bosque de su parcela El Ojito, localizada en zona rural de Ovejas, sobre la Carretera Troncal de Occidente.

25 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Sin embargo, este sueño no lo podrá lograr si le siguen aplazando una intervención quirúrgica ambulatoria para eliminarle unas cataratas de sus ojos que prácticamente lo tienen ciego.

La intervención ha fracasado, unas veces por las jornadas de protesta en los hospitales de Sincelejo y Corozal, otras porque no ha tenido para pagar el bus que de Ovejas lo conduzca a la capital sucreña y ahora por daños en los equipos de monitoreo de los quirófanos.

Vergara dice que desde hace ocho años viene bregando para ser sometido a una operación de los ojos para recobrar su visión y así morir tranquilo observando el bosque y matando el gusano cachón que ataca su sembrado de tabaco.

Mientras tanto, don Simón debe esperar con centenares de personas en el Hospital Regional de Sincelejo, donde fueron suspendidas desde el martes pasado las cirugías electivas, porque se descalibraron dos de las tres máquinas de monitoreo que hay en los quirófanos.

Durante la semana pasada se aplazaron 100 cirugías electivas, pues diariamente se programan entre 15 y 20. Sólo se están atendiendo las intervenciones de urgencias.

Entre el 23 de enero y el 27 de febrero, los 36 médicos especialistas del hospital regional de Sincelejo se mantuvieron en asambleas permanentes y suspendieron todas las cirugías electivas, quedando represadas cerca de 600 intervenciones quirúrgicas programadas.

En la actualidad, hay represadas cerca de 1.500 cirugías electivas, que para ser reprogramadas se requieren por lo menos de dos años, si no ocurre un paro o otro daño en los equipos.

Freddy Acosta, jefe de anestesiología del hospital, reconoce que no es fácil reprogramar las cirugías que fueron aplazadas por las limitantes físicas y de recursos de la institución.

El hospital cuenta con cinco salas de cirugías, tres de estos quirófanos se utilizan con anestesia general y dos para anestesia local, pero por la descalibración de los equipos de monitoreo sólo una está disponible.

De las cuatro máquinas de anestesiología, una está funcionando y se utiliza para los casos de urgencia y las tres restantes están en mantenimiento en Barranquilla y Bogotá.

También está dañado un monitor cardíaco, un pulsímetro y no hay equipos suficientes para los especialistas de ortopedia y neurología, quienes deben llevar desde sus consultorios parte del instrumental.

En los quirófanos trabajan únicamente cuatro cirujanos, cuatro anestesiólogos y ocho instrumentadoras.

Leovigildo Arrieta Narváez, ex jefe de atención médica del hospital dijo que se fue porque en la institución ocurren cosas extrañas, pero que nadie se atreve a denunciar porque de inmediato vienen las represalias.

Agregó que en el hospital se trabaja con las uñas y por eso la institución ha sido condenada en varios procesos por muertes de pacientes y ahora cae la politiquería.

La directora, Guarina Pinedo de Imbeth, dijo que se está trabajando para poner orden en la casa y, además de la reestructuración interna, se ha solicitado implementación al Ministerio de Salud.

Dijo que esta semana, cuando se supere la emergencia y se reactiven las cirugías electivas, se procederá a reprogramar todas las intervenciones quirúrgicas que quedaron represadas.

Sin embargo, el cuello de botella es que el hospital no puede programar más de 20 cirugías diarias por falta de quirófanos, instrumental médico, equipos y recurso humano.