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GORGONA Y BOYACÁ, MUY NATURALES

El hombre desde su creación le ha gustado conocer más allá del mundo en que se mueve.

25 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

En tal circunstancia, no es extraño que en el momento se quiera visitar a la Isla de Gorgona y al departamento de Boyacá por los atractivos turísticos que poseen.

En la primera se puede disfrutar del ambiente natural, es volver a la fuente de vida por el verdor y más cuando el hombre ha empezado a comprender la importancia de cuidar la naturaleza en todo el sentido.

Mientras en la segunda, tendrá de cerca el pasado con todo su esplendor.

La Isla de Gorgona, desde el momento en que dejó de ser un centro penitenciario en 1984, se convirtió para el mundo en una especie de pulmón por su variedad vegetal y animal.

En tanto, Boyacá es uno de los departamentos turísticos por excelencia por el gran número de municipios que atraen y en tal circunstancia, está dividido en cuatro zonas como la occidental, oriental, norte y sur occidental.

En la ruta a Sogamoso se encuentra a Paipa, Duitama, Tibasosa (capital de la Feijoa, fruta parecida a la guayaba. Se emplea en la elaboración de un helado hasta en los dulces). El turista, en Sogamoso, sin duda, se detiene un poco porque en ella se encuentra el Templo del Sol que fue reconstruido por el arqueólogo Silva Celis, quien empleó los mismos materiales con que fue elaborado por los indígenas.

Ellos utilizaron madera de guayacán , dice Celis. Hay que recordar que este templo se quemó durante 100 años debido a este implemento que en el momento en que se prende, se apaga pero vuelve y se prende. En pocas palabras, tiene el poder de la auto combustión .

Igualmente, en Sogamoso, funciona el Museo Arqueológico en donde existen momias en sus mochilas como acostumbraban a enterrar a sus muertos, en posición fetal, los indígenas.

Sin duda, el turista, al seguir su camino, encontrará Monguí en donde encontrará una iglesia preciosa con una nave central de arco de medio punto. Ahí funcionaba, antiguamente, el convento y el Puente de Calicanto. Las palabras son pocas para dar a conocer este sitio encantador.

Un poco más allá se encuentra Nosa, conocida por sus tejidos de lana virgen.

En la ruta a Villa de Leyva el turista encuentra a Tinjacá, Sutamarchan (capital de la longaniza) y Raquira, el pueblo más lindo al ser el de los olleros, y después de Raquira está el Convento de la Candelaria y el desierto porque en ese lugar crece poco la vegetación.

En Villa Leyva están todos los museos. En sus alrededores se encuentra el Fósil que fue uno de los grandes peces del periodo cetáceo encontrado por campesinos de la región y que hoy es conservado por la Universidad Nacional.

Ahí mismo, se encuentra El Infiernito pero su nombre es El Observatorio Astronómico de los Muescas. Los españoles le pusieron el nombre del Infiernito porque ahí era donde los indígenas hacían sus ritos para las cosechas, la lluvia, el sol, la engendración de sus mujeres.

Esos ritos fueron considerados por los españoles como actos diabólicos , confiesa Celis, quien cuida este lugar y a su vez, cuenta las historias del pasado de las piezas que existen en el mismo.

También, en este departamento, se encuentra la Sierra Nevada de Cocuy, una verdadera majestuosidad del ambiente, en donde se encuentran una gran variedad de guacamayas.

Pero si se quiere adquirir todo tipo de artesanías, hay que visitar Guateque y el Valle de Tensa. Ahí los artesanos manejan la arcilla y el barro con pinturas originales.

Y si fuera poco, falta nombrar en este recorrido a Muzo, región superconocida en el mundo por la producción de esmeraldas.

Boyacá, además, se conoce por el Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá en donde se realizaron gestas libertadoras.

Nos queda por mencionar a Tunja que tiene mucho de historia. Fue el primer cacicato que existió regido por el Zaqui de Hunza.