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LOS INTERROGANTES DE UN NUEVO APAGÓN

La opinión pública confronta actualmente la inquietud de un nuevo apagón durante el verano de 1996, por la deficiencia anunciada en el aprovisionamiento de gas para las primeras unidades de la futura central de Tebsa en Barranquilla, después de reconocer que el estado de los embalses es normal para esta época del año y que el comportamiento hidrológico no da signos de alarma.

21 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Pero en el debate de esta inquietud se observan no pocas opiniones contradictorias sobre sus aspectos esenciales, como el crecimiento de la demanda de energía, la disponibilidad actual del parque térmico y las demoras en el plan de expansión, además del olvido de las experiencias del pasado, la factibilidad inmediata del plan de masificación del gas y las posibilidades de soluciones emergentes.

Comprendiendo que estas aclaraciones son de la competencia del gobierno, me voy a permitir unos comentarios anticipados.

Para cualquiera que haya conocido el último documento Conpes sobre el sector eléctrico, expedido el 15 de febrero de este año, no son justificables los temores sobre el crecimiento de la demanda, por cuanto en los tres últimos años solo aumentó al 3,4 por ciento de promedio anual, en tanto que el plan de expansión se previó inicialmente para el 4,8 por ciento y se va a reajustar para un crecimiento futuro del 6,1 por ciento.

Ese mismo documento indica que el parque térmico tiene una disponibilidad actual del 70 por ciento de su capacidad, que puede considerarse aceptable, y para esa fecha no se observan atrasos en los proyectos prioritarios del plan de expansión.

Pero posteriormente se han anunciado dificultades contractuales para las concesiones de Termopaipa IV (solución a carbón de 150 megavatios) para Termovalle (solución a gas de 230 Mw). Sin embargo, estos dos proyectos no gravitan en el aprovisionamiento inmediato.

Antecedentes Conviene recordar que la historia reciente del sector eléctrico registra dos experiencias fallidas sobre el aprovisionamiento de combustibles, que ilustran la situación actual.

El primer caso corresponde a la central Turbogás de Chinú, equipada con 130 mw en 4 grupos instalados en 1982, que desde un principio solo dispuso de gas para operar un grupo y al cabo de 10 años se decidió trasladar los otros tres a Barranquilla, a tiempo que Ecopetrol identificaba un yacimiento gasífero en las proximidades de la central, que al conectarse por gasoducto suspendió la operación de traslado.

El segundo caso corresponde a la central de Termoguajira (300 megavatios), diseñada para operar con carbón o con gas, que solo ha utilizado gas porque no se construyó el atracadero previsto para recibir el carbón del Cerrejón por cabotaje marítimo, que resulta ser el único medio económico de transporte. Esta central consume unos 45 millones de pies cúbicos de gas, que pueden reemplazarse con 1700 toneladas diarias de carbón.

Ante la emergencia anunciada, bien se comprende que la solución más sencilla consistiría en abastecer a petróleo la antigua central de Barranquilla, diseñada para este combustible, y eventualmente operar con petróleo refinado la nueva central de Las Flores y los primeros grupos de Tebsa, puesto que es bien sabido que los turbogases también pueden funcionar con este combustible.

Naturalmente se produciría un sobrecosto operativo de carácter temporal, con las necesarias compensaciones.

Existen, pues, soluciones emergentes para la crisis planteada, lo cual no obsta para que el Gobierno deba esclarecer estos temas, con toda la amplitud necesaria para eliminar el fantasma de un próximo racionamiento eléctrico.