Archivo

ECONOMÍA DE AMÉRICA LATINA NO SE RAJARA

A raíz de la crisis del peso mexicano de diciembre de 1995, muchos analistas han puesto en duda la sostenibilidad de las reformas en América Latina. Según algunos, la mala gestión de la macroeconomía mexicana durante 1994acumulación de deuda a corto plazo y aguda sobrevaloración de la monedademuestran que los países de América Latina no están todavía preparados para los rigores de un sistema basado en el mercado. Otros han señalado que el desencanto y la nostalgia pueden favorecer la vuelta al populismo, la economía dirigida y el control.

21 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Se trata de preocupaciones en buena parte infundadas. De hecho, se podría argumentar exactamente lo contrario: la crisis mexicana ha dado un fuerte impulso a la modernización y al proceso de reforma en América Latina. Repentinamente, y debido precisamente a la crisis, ha quedado claro para los funcionarios gubernamentales, intelectuales y la opinión pública de toda la región que hay tareas todavía pendientes y urgentes. La complacencia, la falta de crítica y el triunfalismo observados hace sólo unos meses han dado paso a una sensación de urgencia y al convencimiento de que, en realidad, el proceso de reforma nunca termina. La economía mundial de finales del siglo XX es comparable a Alicia a través del espejo: para no retroceder, hay que correr sin descanso. Si se quiere avanzar, hay que correr dos veces más aprisa. Los dirigentes de un número cada vez mayor de países han llegado a la conclusión de que la rápida profundización de las reformas es el único medio para combatir el escepticismo, acabar con las dudas que se han planteado algunos analistas financieros internacionales y, sobre todo, avanzar firmemente hacia la prosperidad y la armonía social.

Más ahorro La crisis mexicana ha subrayado la importancia de fomentar el ahorro interno y de alentar la inversión en infraestructura por parte del sector privado. A su vez, para ello habrá que mantener el equilibrio fiscal, proceder a la reforma de los sistemas de pensionessustituir los antiguos planes gubernamentales por otros de administración privada, como se ha hecho en Chiley aplicar sistemas reguladores modernos y dinámicos que establezcan reglas claras y protejan los derechos de propiedad. Se ha hecho también patente que no se puede aplazar por más tiempo la reforma de los sistemas laborales y educativos. Sólo una mano de obra altamente capacitada y móvil permitirá que la productividad crezca a un ritmo en consonancia con las aspiraciones de la región. La reforma de la educación requerirá no sólo mayor participación del sector privado sino también negociaciones con los sindicatos de personal docente, poderosos y sumamente conservadores. Se ha puesto también de manifiesto que la desregulación deberá extenderse a niveles inferiores de gobierno, desmantelando la burocracia y las distorsiones en los Estados, provincias y municipios.

Otra observación, quizás aún más importante, es que, como consecuencia de la crisis mexicana, un número creciente de dirigentes de América Latina ha comprendido la necesidad urgente de reconstruir el Estado, creando nuevas instituciones que desempeñen con eficacia las tareas que el sector privado no puede asumir: orden público, prestación de servicios sociales básicos a los pobres, una regulación moderna a través de órganos profesionales independientes, e infraestructura básica, entre otros. La combinación de nuevas reformas profundas con la creación de nuevas instituciones estatales servirá de base a un crecimiento más firme, a la reducción de los legendarios niveles de pobreza y desigualdad de la región y a la consolidación de la democracia. Tras una breve desaceleración de la actividad económica, una recuperación en la mayoría de las economías latinoamericanas es previsible para mediados de 1996.

Las recompensas Los recientes resultados electorales de Argentina y Perúdonde Carlos Menem y Alberto Fujimori consiguieron victorias aplastantes proponiendo programas económicos basados en el mercadodemuestran claramente que América Latina se está liberando de las ilusiones de la nostalgia y de la carga de la demagogia. El hecho de que los argentinos recompensaran al presidente Menem por la franqueza con que debatió los problemas de su nación y por aplicar medidas duras, pero necesarias, constituye en sí mismo un alejamiento de la historia del país. Por otro lado, el reajuste del equipo económico de Costa Rica, el empeño en avanzaren el camino de la reforma demostrado por el nuevo gobierno uruguayo, la aplicación de un plan de estabilización contundente en el Brasil y el examen de nuevas etapas de privatizaciones en Chile son signos de que, en contra de lo que preveían los escépticos y pesimistas, el programa de reforma de América Latina no sólo goza de buena salud sino que está ganando impulso.

Y México? A pesar de los elementos trágicos de esta crisislas promesas incumplidas, la reaparición de problemas que parecían archivados en el pasado y las nuevas llamadas a apretarse el cinturón México ofrece todavía grandes posibilidades. En buena parte, la estructura económica es sana, las finanzas públicas están bajo control y, una vez eliminada la carga de una moneda sobrevalorada, las exportaciones pueden convertirse en motor vibrante y dinámico del crecimientola geografía de México y el TLC deberían representar una gran ayuda. Además, y sobre todo, el presidente Zedillo parece comprometido a conseguir la reforma política, a mejorar realmente las condiciones sociales y a reducir la desigualdad. México ha salido del ojo del huracán. No obstante, para lograr un crecimiento sostenido deberá antes recuperar la confianza internacional. La tarea no será fácil y el proceso será, probablemente, lento. Acordémonos de Otelo, cuando Casio se lamentaba: Oh, he perdido mi reputación! He perdido la parte inmortal de mi ser, y sólo queda la bestia en mí. Mi reputación, Yago, mi reputación! .

(*) Economista jefe para América Latina del Banco Mundial, y profesor de economía internacional en la Universidad de California, Los Angeles.