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DANZA QUE VUELA Y CAMINA

Durante una semana, Barranquilla fue sede de sugerentes espectáculos que cumplieron con la misión de realizar la primera edición del Festival Nueva Danza, de corte internacional y con la mira de recibir ofrecimientos de lo que genéricamente se ha dado en llamar danza contemporánea .

21 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El Festival fue una buena muestra de temas, procedimientos escénicos, técnicas y actitudes estéticas. Por los foros de los teatros Amira de la Rosa y de Bellas Artes, y de otros espacios alternativos, transitaron producciones impecables en las que el más mínimo detalle ha sido pensado y re-pensado o bien, propuestas de montaje en las que los espectadores deben, por así decirlo, completar el mecanismo de realización: toda una gama de obras, indicativa de las inquietudes que llenan las mentes y los cuerpos de este último decenio del siglo XX.

Danza Hoy de Venezuela ofreció Travesía, una jornada entre épica, onírica y romántica que narra de manera literal las aventuras y peripecias, alegrías y crisis, de tres parejas y un comodín femenino, que parece representar, a la manera de un coro, la reflexión o la poesía, la eterna búsqueda humana de la explicación racional de los fenómenos y las cosas. Con música de Giopert, Lurie, Smith, Monk y otros, Luz Urdaneta traduce al movimiento, en forma operativa, rutinas del deporte y de la emoción, peleas, etc., que permiten la comprobación de la buena técnica de los bailarines.

Remedios en ascenso El nivel narrativo, casi cinematográfico, sólo fue superado en producción por el montaje Remedios la bella, del barranquillero Peter Palacio, que concibe la danza contemporánea como un espectáculo total, una especie de mecanismo perfecto en el que a cada uno de los elementos (diseño, interpretaciones, formas de relato, apariencias, implementos operarios, bailarines, etc.) se le exigirá no solo talento, sino responsabilidad en los sucesivos desempeños. Claudia Cardona (Remedios) literalmente danza en el aire, suspendida en un espacio de colores que alternadamente es real, imaginario, simbólico, juego de luces y tela de araña. Los demás bailarines, junto con Beatriz Vélez, nos llevan de la mano en una aventura mágico visual que hace estallar ante nuestras conciencias la historia escrita por Gabriel García Márquez.

Dentro de la modalidad de danza-teatro, Gustavo Llano re-creó imágenes, sugirió emociones, despejó dudas iluminado por los haces de luz de una pantalla que transcribió vida y milagros de artesanos de Medellín, al tiempo que él simbolizaba con su cuerpo los homenajes correspondientes. La barranquillera Mónica Gontovnik se introdujo en los sufrimientos ejemplares de Medea, parapetada en una estructura escénica, cuyos mejores reflejos radicaron en el juego óptico de una cama vertical y una mímica propiciada intermitentemente por los sonidos de un televisor. La puertorriqueña Awilda Sterling alcanzó a convertir en símbolos ritmo, palabra, protesta social y un bello altar pueblerino.

Pasos en el tiempo Con una especie de danza de búsqueda o, mejor, de intento, España nos sumió en una suerte de violencia cómica, en una parodia de la vida de Napoleón, titulada Peve, espectacular dance poemato en la que la elástica Sol Picó hizo añicos a los retenes del escenario, a los otros dos bailarines y a la narración. Tales, la fuerza y el poder histriónico de sus habilidades.

Por su parte, Estados Unidos envió en Silent voices, women speak no sólo la manipulación repetitiva del código de sordomudos, convertida en movimientos de danza, sino la interpretación de seis mujeres que en la intimidad padecen angustias, ingenuas complicaciones y una especie de transfiguración ante la soledad y la entrada en materia social y sexual de las féminas en Norteamérica. Un juego ameno y fresco ante los avatares del mundo contemporáneo.

El Ecuador ofreció dos obras igualmente contestarias, una dentro de la fuente de una plazoleta (Charco de gansos: mofa de los lagos y los cisnes) y otra en los espacios cerrados del escenario (Oh, Diosa) en la que Klever Vieira hizo gala de sus dotes de transformista.

Danza Libre, de Colombia, permitió que Ligia Gómez Henríquez, y los estupendos músicos de Millero Congo invocaran folclórica y mágicamente la presencia de la niña Emilia. Rossana Lignarolo, su cuerpo y su técnica, hubieran merecido un solo diseñado especialmente para iniciar la conformación del repertorio del Ballet Contemporáneo de Barranquilla.

Brasil, con Prosa caótica; Cuba, con Pater gaviota, y La Espiral del Guerrero, de Colombia, llenaron con creces las aspiraciones de este primer Festival Danza Nueva de Barranquilla y mostraron la necesidad de institucionalizar este tipo de muestras que entregan conocimiento sobre el tiempo y el mundo, y hacen pensar a espectadores recientemente incorporados.

Barranquilla fue sede durante esta semana del primer Festival Nueva Danza, que se realizó con el apoyo de Colcultura. La mayoría de los grupos mostró nuevos temas, lenguajes escénicos y actitudes estéticas.

Gustavo Llano mezcló la danza con recursos tecnológicos, como la televisión.

Remedios la bella , de Danza Concierto, tuvo un gran nivel narrativo.