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MÁQUINA DE PESADILLAS

La pava existe. O si no que lo diga Máquina de sueños , un programa al que le cayó en pleno cuando las directivas de Audiovisuales, en una decisión lamentable, decidieron preparar su ingreso transmitiendo cuatro programas interminables de Julio Sabala. Sabala transformado en Luis Miguel, en Celia Cruz, en Pavarotti y hasta Julio Iglesias fue la metáfora de una empresa que también se transformó en aquello para lo que nunca fue creada.

21 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La pava fue tan terrible y definitiva que acabó literalmente con el programa de Francisco Ortiz. Máquina de sueños , para empezar, tiene una escenografía que estremecería con sus aullidos al mayor especialista en la cultura kistch. Todo allí se parece a una postal de San Victorino: tres niñas en deshabillé, vaporosas, blancas y descalzas pasean su inexperiencia por entre una escalera que las subió al cielo en cuerpo y alma. A un cielo donde solo faltan las cien mil vírgenes que cantan uno de esos motetes gregorianos de moda, ángeles regordetes de ponqué de primera comunión y un San Pedro libidinoso. Porque las nubes en que desgajan angelicalmente sus parlamentos, plenos de una retórica de folletín, sí están hechas a punto de hielo seco.

Pero eso no es lo peor de esta Máquina de sueños . Cada semana nos acongojan con un deseo realizado que más parece una frustración incumplida. Sueños para países de castillos de papel maché, tienen la cualidad de un lirismo inútil. Las acompañantes que han bajado de su cielo de la mermelada a la dura tierra de las insatisfacciones apenas logran articular dos ideas con sentido completo y la cámara se vuelve una melcocha tratando de tocar los sentimientos para subir el rating.

Si no fuera por los créditos a la entrada al cielo nadie creería que este mausoleo de lo fútil fuese del mismo director de Zoociedad y de La tutela, factor humano . Aunque dicen que no hay quinto malo, a veces sí se encuentra un tercero pésimo.

Los deseos han sido los de una viajera en un crucero a las Bahamas de la que apenas sabemos que subió al barco pero no si llegó bien al puerto. Una niña que se convirtió en modelo, una pequeña que a mitad de camino a Miami cambió al pobre Pato Donald por Micky Mouse y un hombre que venció el mareo montando en un globo, hoy por hoy la única forma de atravesar la sabana de Bogotá sin peligro. Y sin huecos.

Deseos pocos significativos en un país que debería tener otros sueños mientras busca construir otras realidades.

Sigmund Fred decía que el sueño es una realización de deseos, el aflorar al campo de la conciencia de contenidos inconscientes muchas veces reprimidos y sometidos al olvido.

Maquina de sueños es un deseo completamente frustrado. La pava de Sabala hizo estragos en las presentadoras, sobreactuadas y sin convicción. En la escenografía, lamentable. En los criterios de selección oníricos, ausentes. En la realización, almibarada. Toda una pesadilla!