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EL GUATAPURÍ ENTRÓ EN ETAPA TERMINAL

Agoniza fuente hídrica de Valledupar.Una musa viviente para los compositores de música vallenata va en camino de convertirse en un simple recuerdo. Su estado es crítico, y según el último diagnóstico, comenzó su etapa terminal.

22 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Agoniza el legendario río Guatapurí, la fuente de la vida para Valledupar. Desde 1980 su corriente dejó de mostrarse briosa, coqueta e impetuosa; y a pesar de registrar signos esporádicos de vitalidad en dos oportunidades (1986 y 1992), hoy no es más que un cuerpo de agua frágil, venido a menos.

La crítica situación, de acuerdo con Silverio Pallares director ejecutivo de la Fundación Amigos del Río Guatapurí (Fundagua), no es diferente a la que padecen las 34 corrientes hídricas más importantes de la Sierra Nevada de Santa Marta, macizo declarado en emergencia en febrero de 1994 por la Fundación Prosierra, ante el acelerado proceso de deforestación.

El Guatapurí nace en la laguna Naboba, formada por el deshielo de los nevados La Reina y Colón, a 5.000 metros sobre el nivel del mar. Tiene un recorrido, casi perpendicular, de unos 50 kilómetros desde su nacimiento hasta su desembocadura, en el Río Cesar.

Es la principal fuente abastecedora de agua del acueducto de Valledupar y de los cultivos en su zona de influencia. De hecho, la Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) reglamentó en 1987 cerca de 160 concesiones a agricultores de la región, para irrigar con agua del Guatapurí cultivos de pan coger, arroz, palma africana, sorgo y algodón.

Pero la falta de control sobre estas concesiones ha contribuído, de acuerdo con conocedores de la región, para que el río muera varios kilómetros antes de su desembocadura.

Tanto Pallares como Alfredo Hernández Izquierdo, un descendiente directo de los arhuacos convertido prácticamente en guardabosques de la cuenca media del río, coinciden en afirmar que la tala indiscriminada de árboles y la quema de pastos para cultivos, así como el sobre pastoreo de chivos, son los ejes de la problemática.

Hernández Izquierdo maneja la estación pluviométrica del Himat en el municipio El Raposa.

La sedimentación acosa Pallares dijo que la deforestación en los cerros que forman la cuenca del Guatapurí deja sin barreras el arrastre de sedimentos y cuando se registra el régimen de lluvias en la región este se deposita en el lecho, mermando su profundidad. Otra parte de los sedimentos es transportada por la fuerte corriente, que cambia su coloración, y obliga al acueducto de Valledupar a suspender el suministro en la ciudad, varias veces al año.

Pallares también explicó que los efectos del proceso de sedimentación es detectable en las reglillas de medición, ubicadas en la Estación El Reposo, a 450 metros sobre el nivel del mar, y cuyo manejo está a cargo de Alfredo Hernández desde hace 10 años.

Existen tres en declive: la primera distante unos cuatro metros de la corriente, la segunda en plena orilla y la tercera en la parte más profunda del río.

En la actualidad la lectura es arrojada únicamente por la tercera (entre 80 y 90 centímetros de profundidad). Pallares dijo que por la actual época de lluvias, en la segunda reglilla debería estarse tomando la lectura, pero no es así.

En el lugar están construidas, en ambas orillas, las bases en concreto (y sobre ellas unos marcos de hierros) de lo que hasta 1980 fue una tarabita para poder cruzar el río en época de invierno; hoy se puede pasar el Guatapurí saltando sobre las rocas.

Hernández dijo que ha visto la muerte lenta de importantes arroyos que aportaban por lo menos un 30 por ciento de aguas al Guatapurí, como Los Besotes, Las Palmas, Cominos de Valerio, El Morro y Las Panelas.

Y mientras que para Silverio Pallares y Alfredo Hernández la situación es producto del acelerado proceso de deforestación, para el labriego Luis Arias, criado en la región, lo que sucede tiene que ver con vainas del destino . Cuando toca, toca. No creo que vuelva a ver el agua de antes en el río y los arroyos , anotó.

La deforestación causada por colonos e indígenas no solo tiene en jaque la supervivencia del Guatapurí. El fenómeno ya ganó una primera partida al hacer desaparecer fauna nativa, como venados, tigres, guartinajas, maná (cerdos cimarrones), zainos y paujiles (aves parecidas a los pavos), entre otras especies. No es en vano que de las 90.000 hectáreas que tiene la cuenca del Guatapurí, el 96 por ciento ya presente diferentes grados de deterioro.

RECUADRO Recuperación Aunque el deterioro de la cuenca del río Guatapurí ha avanzado bastante, tres organismos se unieron para intentar contrarrestar las devastadoras consecuencias. Corpocesar, la Fundación Amigos del Río Guatapurí y la Empresa de Servicios de Valledupar (Emdupar).

La primera, en coordinación con Ingeominas y el Himat, ejecutó trabajos de control de erosión y sedimentación construyendo muros de contención en gaviones sobre el lecho de arroyos surtidores. Igualmente, construyó la primera etapa de diques longitudinales en la parte baja del río para encauzarlo y proteger de eventuales inundaciones a más de 700 familias establecidas en su orilla derecha. En esas acciones se han invertido más de 1.500 millones de pesos, desde 1991.

Corpocesar y Emdupar entregaron desde hace un año 300 hectáreas a Fundagua para su manejo integral en la parte media del río. Fundagua integró a los indígenas arhuacos y a los campesinos de la zona y, desde hace un año, comenzó el proceso de encerrar en piedra (evitando el uso de madera) la reserva forestal para protegerla de las quemas.

En la denominada Reserva La Esperanza ya se ven los resultados de la reforestación natural. Y se prepara un nuevo proceso para sembrar mango (6.000), swinglea (17.000), ceiba (2.200), corazón fino (3.700), algarrobillo (3.700), peregetano (2 mil), marañón (500), orejero (200), guaimaro (2 mil), almendro (400), higo amarillo (800), cañahuate (2.500), cacao (1.500), roble (58), guanábano (60), níspero (110), ciruelo (1.200), tamarindo (200), guayabero (1.200), mamón (2.200) y algarroba (700).

Pallares dijo que la reserva es única en la Sierra Nevada y servirá como centro de educación ecológica y faunística, porque intentarán tener allí especies nativas del macizo. Paralelamente se emprenderán campañas educativas para concientizar a indígenas y labriegos.