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CLAUDIA CARDINALE: UNA BELLA ITALIANA DE AFRICA

CARDINALE fue uno de los símbolos de los años sesenta. No es exactamente la típica autobiografía cinematográfica que cuenta, de manera más o menos anecdótica, historias sobre los rodajes de las películas o las pasiones de las estrellas del mundo del celuloide. Yo, Claudia/Tú, Claudia, la novela de la vida de Claudia Cardinale es la historia de una mujer, guapa, fuerte, con una voluntad de hierro y una larga carrera de actriz a las espaldas, que ha sabido ahondar en los recovecos de la memoria para extraer sus recuerdos más íntimos, desde su infancia en su Túnez natal hasta sus amores y sus encuentros con Visconti, Fellini, Comencini o Monicelli.

22 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Una mujer que, a sus 55 años, ha sido capaz de hurgar en sus entrañas para revolver su pasado y concluir afirmando con orgullo: Me sigue interesando mucho más el presente y el futuro que el pasado. Yo miro adelante .

En las 300 páginas de Yo, Claudia/Tú, Claudia, publicado por Frassinelli y escrito en colaboración con la periodista Anna Maria Mori, la conocida actriz recorre todas las etapas más significativas de su vida privada y profesional.

Nacida en Túnez en 1939, de padres sicilianos, Claudia (en realidad, Claude: Me pusieron Claude, un nombre masculino, y durante mucho tiempo fui un auténtico chicazo, de nombre y de hecho ) se convierte con el tiempo en una guapísima jovencita que es elegida la italiana más bella de Túnez durante una fiesta de beneficencia.

Una viaje a Venecia El título no es de ésos que pasan a la historia, pero el premio -un viaje a Venecia durante el Festival de Cine- le da la posibilidad de establecer su primer contacto con el mundo del séptimo arte, que muy pronto le abrirá sus puertas.

El productor Franco Cristaldi de la Vides, le ofrece un contrato en exclusiva y, sin pensárselo dos veces, Claudia hace las maletas y parte hacia Roma. Se abandona a la idea del viaje como si fuera la única forma de eliminar el trauma de un odioso episodio de violencia padecido en Túnez, que le ha dejado una huella imborrable.

Tenía 17 años cuando un desconocido me violó en una casa de campo, donde nadie podía ver ni escuchar. A aquella primera vez siguieron otras. Me quedé embarazada. No quise abortar. Sufrí todo sola y en silencio . Estaba embarazada cuando rodó su primera película italiana I soliti ignoti, de Mario Monicelli.

Por su tipo de belleza, latina pero exótica, adolescente y mujer, Claudia representó los papeles de la muchacha del sur, inocente pero con un poso selvático en sus grandes ojos negros.

Hizo dos películas más escondiendo a todos su estado, hasta que por fin se confesó con Cristaldi, quien con gran secreto la envió a Londres, donde nació su hijo Patrick. Años más tarde hizo pública la historia de su hijo, un secreto celosamente guardado por la oficina de prensa de la Vides.

En su autobiografía -que acaba de llegar a las librerías italianas-, Claudia Cardinale dedica un capítulo entero a Luchino Visconti, El Maestro, por quien siempre tuvo una profunda ternura y un entrañable afecto. En 1960 Visconti le ofreció un pequeño papel en Rocco y sus hermanos, y tres años más tarde la inmortalizó como Angélica en El Gatopardo, que fue algo así como una especie de canto final a un mundo superado. Claudia Cardinale entró así, a ritmo de vals, en la historia del gran cine italiano.

Residenta actual de París, Claudia confiesa que la cuestión de la nacionalidad siempre le ha turbado y que en realidad se siente africana. Esa tierra se me ha quedado dentro para siempre .