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UNA MUJER DE ALTO VUELTO

Desde niña se embarcó, sin saberlo, en la profesión de su vida. Maribel Porras Gil tenía la pared de su cuarto empapelada desde el piso hasta el techo con un mural que mostraba la imagen de una aeronave. La misma que después de casi 30 años ella iría a comandar.

21 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Maribel nació en Bogotá y tiene 34 años, aunque nadie lo creería. No porque no los refleje, sino porque su persistencia la ha llevado muy alto. A partir de esta semana, una nueva charretera dorada se ha sumado a las tres que adornan la manga de su chaqueta negra de piloto. Y pegado a su bolsillo, en vez del escudo de copiloto, porta uno diferente: el de capitán de Avianca.

Después de ocho mil horas de vuelo y muchas más de paciencia e insistencia, Maribel es hoy la primera mujer comandante que tiene el país. Las horas de vuelo le sirvieron para dominar las aeronaves y el miedo. Las otras, las de perseverancia y empeño, para derribar los obstáculos que se le atravesaron por ser mujer.

Una historia escrita Cuando iba al aeropuerto, sus padres se quejaban del ruido que producían los aviones. Ella, en cambio, disfrutaba el estruendo de las turbinas. Contemplaba embelesada cómo las aeronaves se sostenían en el aire e imaginaba qué se sentiría volar.

Eso lo supo cuando viajó a Cúcuta con su hermana Esmeralda. Tenía 6 años. Mirar hacia afuera, verse por encima de las nubes, era emocionante. Sin embargo, a la hora de estudiar una carrera optó por la medicina. La aviación era para hombres; al menos eso le decía su padre. Pero, poco a poco, sutilmente, las horas dedicadas a la anatomía fueron reemplazas por el estudio de la aerodinámica y la meteorología. Al final, todo salió al revés. Maribel terminó de piloto y dejó la medicina.

Después de tres meses de escuela en tierra y 15 horas de vuelo con instructor, Maribel cambió su puesto de acompañante por el de comandante y maniobró, ella sola, su propio avión. Veinte minutos duró esa primera operación .

Sus labios, pintados de un rosa fuerte, se abren en una tímida sonrisa y con un tono de tranquilidad extrema, Maribel dice: cuando se vuela, uno se siente el dueño y señor del mundo, con el paisaje a sus pies y la naturaleza en pleno frente a sus ojos . Por eso, le encantan las tormentas. Y, aún más, el poder dominarlas, controlarlas. En esos momentos se pone pilas .

Para confirmar el día de su primer vuelo sola, Maribel da vuelta a la esclava que lleva en su muñeca. Una fecha aparece labrada sobre el metal: diciembre 31 de 1979, a las 12 del día. La fecha de su grado la recuerda. Fue en noviembre de 1980, después de 11 meses de estudios. Con su diploma de piloto se presentó de inmediato en Avianca. Quería trabajar allí. La hoja de vida ni siquiera se la recibieron.

Desilusionada, se dedicó a transportar ejecutivos en bimotores y monomotores. En una ocasión, cuando iba un grupo de ingenieros de una empresa petrolera, un estadounidense se negó a subir. Jamás he volado con una mujer en mi país y menos aquí, me dijo. Luego llamó al encargado y, al cabo de un rato, aceptó volar conmigo , cuenta. Después, siempre me pedía a mí para manejar el avión , remata ella.

Cada cierto tiempo Maribel se acercaba a Avianca a llevar su hoja de vida. Pero la respuesta, igual cada vez, era NO , no se aceptan mujeres. La razón de ese NO la conocería después. Una piloto alemana se había enredado con sus compañeros colombianos y había generado problemas embarazosos en la empresa. Desde entonces, la aerolínea no estaba interesada en admitir mujeres.

De su carácter resalta la obstinación, por decir lo menos. Fueron siete años de ir, de hablar, de gestionar, con ejecutivos, vicepresidentes, conocidos y desconocidos para que le ayudaran a ingresar. El sueño se cumplió por medio de un amigo de su esposo José Domingo López.

El 10 de agosto de 1987 entró a formar parte del equipo de copilotos. Voló primero un 727; luego, un 767 y después, el Jumbo. Durante un año y tres meses comandó, junto con su esposo, el Jumbo 747 de Avianca. El de capitán, ella de copiloto. En algunas ocasiones, la cabina llevaba un miembro más: su hija, una pequeña de tres años que durante el trayecto no paraba de preguntar. Qué es esa pantalla?, Y ese botón rojo? Y esa palanca negra? Mi muñeca , como le dice a su hija es, junto con volar y volar , su mayor preocupación. Por eso, los nueve días libres que tiene los dedica a su familia. El resto del mes vuela un MD83, con capacidad para 152 pasajeros, hacia Miami, Barranquilla, Cali, Aruba o Lima.

Esos días, durante las noches, se ocupa en colorear las cartas de navegación. Una línea roja, otra verde, una más naranja. A eso se debe que algunos compañeros la llaman Prismacolor . Y antes de despegar, se echa la bendición y se encomienda al Divino Niño y a María Auxiliadora.

Para Maribel, no ha sido fácil poder estar donde está y eso lo quiere dejar muy claro. Las mujeres escasean en el medio de los pilotos a pesar de que, asegura, volar un avión puede hacerlo tanto hombres como mujeres. Nos hemos arriesgado muy poquitas , dice. Luego se marcha y, al verla por detrás, sorprende su larga trenza rojiza que se descuelga sobre la espalda desde la gorra de Capitán.

DESTACADO Al verla, sorprende su larga trenza rojiza que se descuelga sobre la espalda desde la gorra de Capitán.