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PAZ Y SECUESTRO

De nuevo el país se embarcó en el inevitable proceso del diálogo con la guerrilla. Y en algún momento, ojalá más temprano que tarde, se llegará al punto del secuestro.

23 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Hoy en día la subversión comete entre el 45 y el 60 por ciento de los secuestros del país. Quienes les creen a las Farc (y a uno de sus secuestradores más profesionales, el Mono Jojoy ) que ellos no cometen ese delito, son unos ingenuos o unos cómplices.

La cifra, por obvias razones no es exacta ni consolidada dada la práctica, cada vez más arraigada, en especial por las Farc, de comprarle secuestrados a la delincuencia común, hecho delictivo sin precedentes en una lucha revolucionaria.

Para nadie es un secreto que el auge del secuestro por parte de la guerrilla ha tenido como respuesta el crecimiento de las autodefensas. Ante la impotencia del Estado por combatir este crimen en zonas rojas, es decir medio país, los ganaderos y agricultores han recurrido a estos mecanismos para proteger su vida y su patrimonio. Es por ello por lo que la eliminación del secuestro y el boleteo (que en el fondo es la cuota inicial del plagio) acabaría de paso con otro factor de violencia como es el de estas organizaciones y sus hermanos mayores, los paramilitares.

El secuestro debe estar en el centro de los diálogos por la paz y la humanización de la guerra. Pues no sólo está prohibido en el Protocolo II de Ginebra tratado que ha sido propuesto por las guerrillas desde hace por lo menos cinco años y ahora fue avalado por el Gobierno y la Corte Constitucional sino que ahora hay un país sensibilizado en esa materia, dados los abusos cometidos por las organizaciones guerrilleras en este frente.

De ahí que nadie entendería que el Gobierno no presionara con firmeza este tema, más aún cuando todo está dado para la aplicación de la Convención de Ginebra, y permitiera que la guerrilla se inventara cualquier excusa para seguir secuestrando, boleteando, asesinando a menores y colocando minas quiebra-patas sin ningún costo político a nivel nacional e internacional.

Es en este punto donde debe diferenciarse a las Farc y al Eln. Pues mientras las primeras, en un acto descarado de engaño al país, ni siquiera reconocen que secuestran, el segundo ha emprendido el serio camino de la reflexión hacia la humanización de la guerra.

Pero no sólo en esto se diferencian estos grupos. Es mucho más ideológico, y por ende más serio, el Eln. Y su palabra vale mientras que la de las Farc hay que tomarla siempre con beneficio de inventario: diez años de negociaciones así lo demuestran.

Por ello, si de este proceso se logra que en Colombia se aplique a fondo la Convención de Ginebra y se humanice la guerra, es decir se deja por fuera del combate a la población civil y a la infraestructura nacional, el país debe darse por bien servido.

No es cualquier cosa lograrlo, pues ello implica que se acaban el secuestro, el boleteo y los atentados al oleoducto, entre otras cosas. Y necesariamente tendría que darse la participación de organizaciones civiles en la vigilancia del cumplimiento de este tratado.

Por qué no pensar en una sociedad civil comprometida en la búsqueda de la paz a través de mecanismos novedosos, producto de una negociación? Por qué dejarles la paz sólo a una guerrilla y a un Estado que muchas veces tienen intereses más proclives a la guerra? Por qué no pensar en País Libre y otra ONG de derechos humanos, vigilando en todo Colombia que las organizaciones guerrilleras no secuestren y que las Fuerzas Armadas no desaparezcan personas? Lo novedoso de esta negociación es que cambia el esquema de que si un lado pierde el otro gana. Todos podemos ganar si se busca un principio de guerra donde se dejen de lado las prácticas más atroces de la lucha por, o en defensa, del poder.

Esa oportunidad seguramente no se va a volver a dar. Ojalá el Gobierno no ponga todos los huevos en la misma canasta y deje escapar la oportunidad de humanizar la guerra por tratar de lograr una elusiva paz total. Eso sería un error histórico que el país, y en especial las víctimas de esta guerra, no perdonarían.