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ZAIRE REZA POR UN MILAGRO

En todas las iglesias al norte de Kinshasa se rezó ayer por las víctimas del virus Ebola para rogar a Dios que ahuyente el siniestro virus asesino. También se hizo una colecta especial de fondos para ayudar a las familias de las víctimas.

20 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Se cumplió así la petición del arzobispo de Kinshasa, el cardenal Frederic Etsou, de rezar durante tres días seguidos en todas las parroquias de la ciudad para que el Señor se apiade de sus hijos zaireños .

De momento, los efectos de las rogativas no se ven por parte alguna. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya son 89 las víctimas, entre ellas cuatro monjas italianas, que han sucumbido a los terribles efectos de este nuevo enemigo de la humanidad llamado Ebola. Ciento veinticuatro personas están contagiadas, según su último balance.

El miedo mayor es que la epidemia salga del sur del país y alcance a esta capital de 5 millones de habitantes y mínimas condiciones higiénicas, dos factores que aumentan la posibilidad de una catástrofe humanitaria en esta república incrustada en el corazón de Africa.

Cuarentena a medias Pese a la cuarentena decretada, es perfectamente claro que la región de Bandundu, lugar donde el Ebola ha hecho su criminal reaparición, no está aislada del resto del Zaire.

Los especialistas médicos y las autoridades locales y extranjeras continúan su particular peregrinación a Kikwit. A muy pocos, y solo desde hace dos días, se les está pasando por una revisión médica o sometiendo a una cuarentena preventiva.

Por otro lado, están los sobornos. Es sabido que en Zaire todas las barreras son porosas , dijo en rueda de prensa Jean-Jacques Muyembe Tamfum, virologo Zaireño que ayudó a identificar el Ebola en los años 70.

Se rumora que para huir de la zona en cuarentena, generalmente hacia la capital, Kinshasa, los zaireños más pudientes están pagando hasta 550 dólares a los guardias de los retenes establecidos por el ejército alrededor de la zona infectada.

Para completar, unas tres mil personas que huyeron de sus aldeas pero que fueron detenidas por el ejército, acampan alrededor de los retenes militares en pésimas condiciones, factor que aumenta la posibilidad de contagio.

Miembros de organizaciones internacionales que llegaron ayer a Kinshasa procedentes de Kikwit afirmaron que quedan menos de diez personas internadas en el hospital de esta ciudad. El resto de los contagiados por el virus, o han muerto o han escapado a sus casas, ya que muchos temen enfermar aún más en el hospital (por los otros infectados, y porque muy pocos de los atendidos allí logran sobrevivir). Esto hace muy difícil saber la cifra exacta de los contagiados por el Ebola, así como el control sanitario de las personas que conviven con los enfermos.

Para completar, diez países africanos (Angola, Ruanda, Burundi, Congo, Gabón, República Centroafricana, Zambia, Uganda, Tanzania y Sudán) tienen frontera con el Zaire. Controlar la salida del virus a lo largo de los miles y miles de kilómetros de frontera del segundo país más grande de Africa es una misión prácticamente imposible.