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NIÑOS PERDIDOS , UN SOMBRÍO CUENTO DE HADAS

Impresionantes efectos especiales, humor negro e imágenes aterradoras utilizó la pareja que realizó Delicatessen -Jean Pierre Jeunet y Mar Caro- en su más reciente producción, La citá des enfants perdus, un cuento de hadas para adultos que representa al país anfitrión en el Festival de Cannes. Esta sombría película dickensiana, que se hizo a un costo de más de 14 millones de dólares, será de seguro un éxito de taquilla a nivel local.

19 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Pero más allá de sus fronteras, las críticas y la campaña publicitaria que hagan sus distribuidores deberán determinar si el fenómeno se repite, aunque en las salas de cine-arte tendrán su público incondicional, tomando en cuenta el impacto de Delicatessen en ese circuito.

Su recepción en la competencia en Cannes podría ser crucial para sus posibilidades internacionales. Aunque la cinta es claramente el trabajo del mismo equipo, y comparte gran parte de las escenas tétricas de Delicatessen, Jeunet y Caro muestran mayores ambiciones en esta ocasión.

Aunque su primer filme fue esencialmente una colección de pequeñas viñetas y bromas atadas a un argumento ambientado en el fin del mundo, Niños perdidos apunta a un estilo de cuento de hadas para adultos.

Creada completamente en un estudio, y ambientada en un mundo sumido en la noche, la cinta muestra a una sociedad industrial medio neovictoriana.

Aunque Delicatessen se ambientó aparentemente en el lado equivocado de la ciudad a principios de la década de 1950, esta película es más como una fantasía de dibujos animados arrancada de la cabeza de Julio Verne.

El escenario es un brumoso puerto de varios niveles lleno de desechos industriales, oxidados barcos y la mayor colección de gente rara desde Freaks, de Tod Browning.

Los que mandan son los cíclopes, una secta nietzschesiana de fanáticos de un solo ojo que secuestran niños para el loco Krank (Daniel Emilfork), que vive en un castillo que parece una plataforma petrolera más allá de un gigantesco campo minado.

El siempre amargado Krank necesita a los chicos para robarles los sueños. Los únicos compañeros que tiene son seis bufones clónicos idénticos (Dominique Pinon, de Delicatessen), su madre Miss Bismuth (Mireille Mosse), y un cerebro que habla dentro de una pecera (con la voz de Jean-Louis Trintignant).

La última víctima de los cíclopes es Denree (Joseph Lucien), el adoptado hermano menor de Uno (Ron Perlman), un ex cazador de ballenas de incierto origen étnico que vaga por el puerto.

Uno se une a un grupo de ladrones huérfanos controlado por dos hermanas siamesas llamadas las Pulpas que más tarde entablan amistad con Miette de nueve años.

Después de escapar de morir a manos de los cíclopes, y luego del ex empleador de las Pulpas, Marcello (Jean-Claude Dreyfus, el carnicero de Delicatessen), Uno y Miette salen en un bote a remos a rescatar a Denree del laboratorio de Krank.