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EL EXAMEN AL SENA BOYACÁ

Por respetables que sean los autores de las múltiples explicaciones que en estos días se dan para justificar la baja calificación que mereció la gestión del Sena Boyacá, esos argumentos no son más que simples excusas. Explicaciones, como que se borró un disquete con información que insidía en la evaluación del primer trimestre del año, parecen esconder la verdad que desde hace varios años hace carrera en esta institución.

12 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Los intereses de políticos parroquiales han jugado papel decisivo en la dirección regional de la entidad. A las posiciones de mando han llegado ejecutivos de gran experiencia y capacidad profesional, pero dóciles en el cumplimiento de consignas y tareas trazadas por sus jefes, con marcados propósitos partidistas, que marginan a sectores no afectos a esas posturas egoistas.

Bajo ese esquema se ha venido trabajando y, como era de esperarse, tarde que temprano, esa falta de rumbo tenía que hacer crisis. Con tales antecedentes el primer examen a la gestión y cumplimiento de objetivos y metas trazados para los tres primeros meses de 1995 no podía merecer calificación distinta a la que en justicia se le dio.

En ese puntaje se traduce lo que hoy es el Sena Boyacá, una institución de la que casi nadie en el departamento sabe para dónde va, ni cuál es el verdadero papel que ahora pretende jugar. Por eso, la evaluación de marras, por dolorosa que a muchos les resulte, es bienvenida.

Si en verdad la nueva directora regional persigue, como lo ha predicado, enrumbar su trabajo para construir el nuevo Sena que Boyacá espera, llegó la hora de empezar a mostrar resultados. De trazar y acordar programas orientados a responder a las necesidades reales de los sectores empresariales del departamento, ante todo como fruto de diagnósticos y acciones surgidas de la real participación de todos los estamentos que tienen que ver con la marcha de la institución, incluyendo en ese papel a los empleados. Es la hora de despolitizar al Sena y devolverle el carácter técnico a todas sus actividades, incluídas las de nivel directivo.

No puede continuar ese divorcio que al interior del Sena Boyacá ha marcado las relaciones de todos sus componentes. El futuro del Sena Boyacá no es responsabilidad de unos cuantos funcionarios sino de toda la institución que debe responder un serio compromiso con la comunidad, de acuerdo a las nuevas políticas que le han sido fijadas.

Y el sindicato de esta entidad también debe recuperar su línea de acción, no buscando protagonismos insulsos, sino convirtiéndose en motivador de la entrega que corresponde hacer a todos y a cada uno de los empleados para construir el nuevo Sena que aún no conoce la comunidad boyacense.

En el Sena Boyacá descansa el futuro de buena parte de la comunidad boyacense. De la calidad de la capacitación y formación de la mano de obra que prepare el Sena depende el fortalecimiento de la pequeña y mediana empresa, ya en desarrollo o en gestación, y, por ende, de amplios sectores de la economía regional.