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BRASIL CAMINA HACIA LA PRIVATIZACIÓN

Después de un tímido comienzo, el paquete de enmiendas constitucionales que tiene por fin aumentar la inversión privada y extranjera en la economía de Brasil avanza lentamente.

19 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Pero aunque estos movimientos legislativos han impulsado el mercado de valores a su mayor nivel en cuatro meses, está cada vez más claro que la revisión de la Constitución será una batalla que durará meses, o incluso años.

En los últimos 20 días, a insistencia del presidente Fernando Henrique Cardoso, la cámara baja aprobó enmiendas que abren la distribución de gas a la inversión privada, permiten a las compañías extranjeras de embarque una mayor participación en el mercado local y abolen la distinción jurídica entre las empresas extranjeras y brasileñas. Mientras tanto, las enmiendas para abrir el sector petrolero y de telecomunicaciones a la inversión privada ya fueron aprobadas por influyentes comisiones de la cámara baja y pronto pasarán a consideración del pleno.

Muchas de las reformas propuestas son cruciales para mantener el éxito del programa antiinflacionario del gobierno, el Plan Real, porque ayudarán a reducir el gasto público. El plan ha reducido la inflación a un 3% mensual, en comparación con un 50% en junio del año pasado, pero esa reducción ha dependido de medidas presupuestarias temporales.

En el arduo proceso de enmendar la Constitución, los cambios deben ser aprobados por dos comisiones de la Cámara y recibir una mayoría de tres quintas partes en dos votaciones generales. Después enfrenta un proceso idéntico de aprobación en el Senado, que probablemente no considerará la propuesta del gobierno hasta septiembre.

Hay una señal inequívoca de que la reforma del gobierno se comienza a tomar en serio. Entre los grupos de interés que perderían poder crece un movimiento contra las enmiendas. Los sindicatos petroleros están en huelga desde hace dos semanas, a pesar de que un tribunal laboral la declaró ilegal. Los trabajadores petroleros buscan un aumento de sueldo, pero los analistas dicen que el verdadero motivo es defender las regalías que les otorgaba la antigua Constitución. Esa resistencia ha mermado la esperanza de que Cardoso convierta su abrumadora victoria el año pasado en una serie de reformas rápidas.

Al igual que desactivar una bomba de tiempo, modificar la Constitución ha resultado una labor exhaustiva. Al ceder un poder de decisión considerable sobre el presupuesto a los estados, amparar un sistema de pensiones extremadamente generoso y limitar la inversión privada en muchos sectores, la Constitución transformó a Brasil en un país que apenas es gobernable.

Este año comenzó como una repetición del anterior, con la batalla de Cardoso para unificar su desorganizada mayoría en la rama legislativa. El Congreso indultó a un senador involucrado en un escándalo de corrupción durante la campaña y ratificó un límite poco práctico a las tasas de interés.

La mayor derrota para Cardoso fue en marzo, cuando una comisión legislativa bloqueó sus esfuerzos para lograr la aprobación de una radical propuesta de ley que busca reducir el costoso sistema del seguro social.

A pesar de todos los esfuerzos de Cardoso, los resultados del esfuerzo por aprobar la reforma todavía no están claros. Si el Senado da su visto bueno, cambiar la distinción entre compañías extranjeras y nacionales abriría el sector minero a la inversión extranjera. La liberalización del sector de transporte de mercancías y telecomunicaciones, aunque es una buena noticia para los inversores privados, tendrá que detallarse de manera más clara en leyes regulatorias que aún no se han redactado.\ (Ver gráfica de Cierre semanal del Indice de la Bolsa de Sao Paulo)