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LA CORTE MUSICAL DE LA FARAONA

Los reyes suelen tener una corte y La Faraona tenía la suya.

20 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La de Lola Flores fue siempre una corte muy amplia, en la que todo giraba en torno suyo. Sus tres hijos -Lolita, Antonio y Rosario- han ocupado los puestos más relevantes; su hermana Carmen ha estado omnipresente y su marido Antonio El Pescaílla ha dado siempre la impresión de resignarse a interpretar un papel secundario.

Bastaba verlos ayer, acudir en tropel y con los ojos llorosos a la casa de La Moraleja donde reposaba el cadáver de la jefa del clan, para comprobar lo unidos que están los Flores. Ese era uno de los grandes méritos de Lola. Era una mujer entregada a los suyos y, cuando hizo falta, hasta se vendió en pedazos a las revistas del corazón para asegurar el puchero diario a su estirpe.

Ella tiraba de los suyos y los suyos, en justa contraprestación, la adoraban. Sus tres hijos siempre han hablado con admiración de ella. Hay un capítulo en la biografía de Lola, que escribió Tico Medina, en el que Antonio afirma que su madre es única, una fuerza de la naturaleza, un monstruo, y la más grande que ha habido en lo suyo .

Algo parecido suele decir Lolita, la mayor, y Rosario, la pequeña, nunca se ha recatado en proclamar que su madre tenía en los ojos un brillo especial: el de la gente potente, el de los genios .

La Faraona se ha ido de este mundo dejando algunas incógnitas.

Algunos han dejado correr el rumor de que no era hermana de Carmen, sino su madre secreta, y esa maledicencia nunca se despejará del todo. En cualquier caso, de lo que no cabe duda, es que Lola siempre protegió a los suyos.

Una madre por admirar No fue nunca una madre corriente. Lolita, que tiene ya 37 años, dos hijos, un marido llamado Guillermo Furiase y es la que ha hecho una carrera artística más modesta, pasó su más tierna infancia deambulando de un lugar a otro, entre tramoyistas, baúles y guitarras.

Mi madre ha sido muy cariñosa, pero poco paciente con sus hijos , declaró recientemente. Nunca fue de esas que te bañan, te visten y te sacan a pasear, aunque siempre le gustó contarnos cuentos a la hora de acostarnos .

Los Flores, en palabras de uno de ellos, sostienen que ser hijo de Lola era como serlo de Charles Chaplin y que, al final, resultaba inevitable admirarla. Antonio, que tiene ya 34 años y un hijo, y que fue el que más sustos le propinó -atravesó una etapa terrible con las drogas- ha dicho en alguna ocasión que Lola estaba obsesionada por controlar la vida de todo lo que había criado o caía en su esfera: Se ha metido siempre en los matrimonios, los ligues y las enfermedades de todos; todo lo quería manejar y lo manejaba bien .

Esa permanente interferencia no ha sido una carga para su prole, ni ha creado fricciones familiares. Tenía un carácter muy fuerte, pero Tico y los que la conocían bien sostienen que jamás les puso la mano encima a sus hijos y que les dejaba una enorme libertad.

Antonio, que a los 11 años fue expulsado del Liceo Angloespañol por robar los exámenes de fin de curso, declaró recientemente que su madre les inculcó desde muy temprano que lo realmente importante en los estudios era saber sumar, restar, multiplicar y dividir y no la raíz cuadrada de 125.000 .

Rosario, la que ha heredado en mayor proporción el duende materno, ni se atreve a fumar delante de su padre, pero nunca ha manifestado por El Pescadilla ni la décima parte de devoción que por Lola.

La hija pequeña de La Faraona se independizó a los 19 años: No puedo decir que me marchara de casa, simplemente dejé de dormir allí y he vuelto siempre que he podido y allí me encontraba un plato de comida, unos billetes si hacía falta y cariño .

Una de las constantes del clan Flores ha sido la reunión multitudinaria alrededor de una mesa de comida bien surtida y la juerga hasta avanzada la noche. Los expertos insisten en que el más aficionado al bingo y el verdadero teleadicto ha sido siempre el padre, Antonio El Pescadilla , y que últimamente consumía la mayor parte del tiempo trasladándose de la cama al sofá y siempre con la vista clavada en la pantalla, pero todos coinciden en que la familia vivía con y la televisión permanentemente encendida.

En todos ellos hay algo de genialidad. El que no sale artista, canta, baila o presenta programas en televisión, tiene facultades para el deporte. Antonio hizo sus pinitos infantiles como alevín en uno de los muchos equipos del Real Madrid, pero su primo Quique Sánchez Flores -el hijo de Carmen- se ha convertido en la estrella del equipo grande, donde triunfa actualmente.

Ellos la rodearon. Luchadora irredenta, su coraje ante la vida y ante los zarpazos del destino le ha permitido estar en los escenarios prácticamente hasta el último día. Eje y bandera de los suyos , Lola Flores, como los árboles de Alejandro Casona ha sabido morir de pie, desafiando al hacha del talador traicionero que la amenazaba hace años. Pero le ha podido cantar al destino: Me duelen los ojos, de mirar sin verte, reniego de mí; que tienen la culpa de mi mala suerte, mis rosas de abril .