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LA FORMACIÓN DE HÁBITOS EN LOS NIÑOS PEQUEÑOS

El niño cuando nace, necesita que sus padres hagan casi todo por él. A medida que transcurre el tiempo, esta relación de dependencia debe ir dejando lugar para la autonomía del niño, puesto que él es un ser distinto de sus progenitores y tendrá que afrontar diversas situaciones en la vida.

19 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La independencia del niño con respecto a su arreglo personal, su aseo, su sueño y su alimentación, constituye para él una verdadera conquista. Esto es supremamente benéfico para su desarrollo físico y emocional, puesto que adquiere destrezas motoras y desarrolla la autoestima.

Por otra parte, podrá gozar de unas relaciones familiares cálidas y positivas en la medida en que ustedes le ayuden a formar estos hábitos de una manera natural, sin necesidad de promesas, amenazas o castigos y, a la vez, sin dejarse sobornar por él.

En esta oportunidad brindamos orientaciones a los padres para que ayuden a sus hijos durante el proceso de formación de hábitos como son: Controlar esfínteres y comer con gusto.

Para muchas mamás, el hecho de que su hijo deje de usar pañales, de mojarse en la cama o de ensuciar los pantalones, representa ante todo, un descanso en cuanto al lavado de ropa.

En realidad, el control de esfínteres por parte del niño, tiene una importancia fundamental para su desarrollo psicológico. No haga aspavientos cuando él orina o hace deposición, ni se refiera a él o a estos excrementos con expresiones hostiles como caca , gas , puerco , sucio , cochino .

Lo mejor, es entonces no demostrar desconcierto y menos aún contrariedad, ya que tales reacciones aumentan la probalidad de que el niño lo haga de nuevo para atraer su atención Y poco a poco, a medida que el niño comprenda mejor, enséñele que la orina y las heces ya no le sirven para nada a su cuerpo. Indíquele que debe depositarlas en un lugar que es para esto, con el fin de que él se mantenga limpio y así evite enfermarse.

Durante el día, no demuestre entusiasmo por la deposición del niño pero tampoco asco. Llévele al baño regularmente. Elógielo cuando vaya por sí mismo. Durante la noche, evite que ingiera líquidos por lo menos dos horas antes de acostarse. Pero sobre todo proporciónele un clima de hogar cálido, libre de disgustos y tensiones.

El niño controlará en una forma natural sus esfínteres si usted evita hacerle sentir que este asunto es un motivo de disgusto para sus padres. No espere que su hijo deje de mojarse durante la noche si aún no se controla bien durante el día.

Comer con gusto Además de la satisfacción de una necesidad física a través del hábito de comer, se estimula el contacto entre todos los miembros de la familia. Es decir, las horas de las comidas son un formidable vehículo de comunicación familiar.

Todos sabemos que las experiencias que se viven dentro del seno de la familia son decisivas para el desarrollo emocional de un niño y para su adaptación a otros grupos sociales.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a adquirir el hábito de comer bien y de hacerlo con gusto. Permítale al niño sentarse a la mesa con los adultos, a la hora en que estos acostumbrar a comer. Se sentirá un comensal importante y se dispondrá a participar en la reunión familiar.

La compañía de los suyos y el ambiente amable a la hora de comer, estimulan el gusto por la comida y fomentan relaciones de afecto y camaradería. No hay que presionarlo con normas de etiqueta. Por el contrario, al sentirse libre para comer a su modo, irá aprendiendo, por imitación, a comer como los demás.

Es un error enorme hacerle promesas, amenazarlo o engañarlo con cuentos y juegos para que abra la boca. Cuando advierta que no desea más y si ya los demás han terminado, levante los platos sin comentarios.

Coloque frente al niño porciones pequeñas de comida y no insista en que coma. El sabe que para eso tiene su plato con alimentos. No se le debe premiar con aplausos y elogios y menos aún con objetos materiales. Tampoco hay que castigarlo por no haber comido.