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PLAZOS Y CARTEL

El Presidente de la República dijo ayer: No vamos a fijarnos plazos perentorios para la captura de los cabecillas de las organizaciones del narcotráfico, ni vamos a crear falsas expectativas frente a este tema, pero estamos y seguimos trabajando con la fuerza y la voluntad necesarias para conseguir resultados en corto plazo .

18 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Creemos que hizo bien. Máxime si se tiene en cuenta que expiró ya el plazo inicial de diez días que el propio Gobierno se había impuesto.

En la lucha contra el narcotráfico, el país no necesita plazos perentorios que fijen vencimientos como si se tratara de la efectividad de un medicamento o de la preclusión de una obligación tributaria. No. El país necesita y demanda compromisos sostenidos, esfuerzos permanentes, decisiones colectivas que permeen todas las capas y todos los niveles del Estado, particularmente en aquellas dependencias y entidades que tienen competencias y responsabilidades directas en estas materias.

Adicionalmente, esas condiciones son para la ciudadanía carta de garantía sobre el rigor con el cual se debe proceder si se espera alcanzar resultados efectivos y rápidos, sin arriesgar la vida, honra y bienes de los ciudadanos de bien, ajenos por completo a las actividades delincuenciales.

Tratándose de una responsabilidad de Estado de tanta envergadura, se requiere además una juiciosa coordinación de acciones entre todos los que en ella intervienen. En efecto, cuando la unidad de mando está atomizada o dispersa por la misma naturaleza interinstitucional propia de los cuerpos de inteligencia y de búsqueda, los esfuerzos de sincronización deben ser mayúsculos.

Cuando ello no sucede, terminan presentándose episodios bochornosos como el que protagonizaron los agentes del Estado en el torpe allanamiento a una prestigiosa firma de abogados en Bogotá. No solo le infirieron severo daño a su nombre, sino que además violaron derechos elementales que amparan al bufete y a sus integrantes, tanto en los niveles individuales y corporativos como en los personales y profesionales.

Estos procedimientos restan respaldo ciudadano a las actuaciones de quienes tienen la misión de capturar a los narcotraficantes y dejan el amargo sabor de que, más que ánimo cierto y propósito articulado para lograr sus objetivos, lo que existe es un espíritu vitrinero, apoyado en cámaras de televisión que muestran al país contingentes de soldados que irrumpen frenéticamente en toda clase de inmuebles.

No conviene, pues, que crezca dentro de la ciudadanía un sentimiento de escepticismo frente a la efectividad de las capturas prometidas. Y reconociendo la intensa, dinámica y patriótica labor que adelanta el Bloque de Búsqueda en cumplimiento de explícitos mandatos del Ejecutivo, sí sería recomendable menos aspavientos y espectacularidad en unos operativos que por su misma naturaleza deben ser discretos pero efectivos.