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NO OLVIDAR...

No ha estado silencioso el Sumo Pontífice ante la conmemoración de los cincuenta años del final de la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, en vibrante alocución dirigida a todos los pueblos del mundo, y de manera especial a las nuevas generaciones, ha hecho especial encarecimiento para que no se olviden los horrendos episodios de ese atroz conflicto, considerado específicamente como la mayor hecatombe de la historia.

18 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Es deber imperativo de toda la especie humana, dice Juan Pablo II, no olvidar la terrible lección de la Segunda Guerra. Parte esencial de esa posición ha de ser la lucha constante para que una auténtica cultura de la paz sustituya a la cultura de la guerra, que presuntamente se registró como secuela del conflicto. Dentro de ese contexto se impone a las generaciones presentes y futuras el compromiso por la vida y por la paz, así como la lucha tenaz contra las ideologías obtusas y violentas. De igual manera la Organización de las Naciones Unidas, a juicio de Su Santidad, debieran adoptar medidas eficaces contra el tráfico de armas, e intervenir decididamente en casos de crisis.

Siempre que pueda suscitarse una ocasión de conflictos, los dirigentes de todos los pueblos del mundo, en el marco del llamamiento papal, han de volver la memoria hacia el trágico panorama de la Segunda Guerra, para que nada de su tétrica sombra pueda extenderse de nuevo sobre el planeta.