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ME IRÉ, SI DEBO IRME : DE LA CALLE

Me iré, si tengo que hacerlo. Pero no acepto que se diga que la Vicepresidencia ha sido un estorbo para el país .

18 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Así, sin abandonar el tono vehemente que le es característico, lo dice Humberto De la Calle Lombana, el copiloto del presidente Samper.

En una entrevista con EL TIEMPO, De la Calle analiza a fondo las propuestas de reforma constitucional que están hoy entre el tintero, algunas de las cuales buscan, a su juicio, marcar un retroceso hacia el pasado .

El Vicepresidente admite que tiene algunas diferencias con el Jefe del Estado respecto al tema de eventuales enmiendas a la Carta, pero dice que éstas resultan normales si se tiene en cuenta que ese no fue tema de la campaña presidencial.

Dice que no se opone de plano a una reforma y propone que si hay que hacerla, se apele al mecanismo del referendo.

Dice que no concibe su cargo como una chanfaina . Admite que tiene algunas diferencias con Samper desde el tema de la reforma, pero dice que ese no fue tema de la campaña y que consecuencia no comprometió la opinión de la fórmula que ambos integraron.

Humberto de la Calle Lombana envió ayer un mensaje claro al Congreso: si me tengo que ir, lo haré. Pero no acepto que se diga que la Vicepresidencia ha sido un estorbo para el país o para el Presidente .

Lo hizo a instancias de una entrevista con EL TIEMPO, la primera de fondo que concede desde cuando el propio Gobierno habló de enmendar la Constitución de 1991.

Se siente agredido personalmente cuando algunos congresistas proponen acabar con la Vicepresidencia? No, en absoluto. Yo quiero señalar, y lo digo sin arrogancia, que entiendo válido el debate sobre la Vicepresidencia. Le digo al Congreso y a la opinión pública que no moveré un dedo para impedir ese debate.

Si la sociedad colombiana cree que es necesario eliminar la Vicepresidencia, yo no me molestaré en absoluto y estaré dispuesto a facilitar una decisión de esta naturaleza.

Incluso, oí que algunos congresistas han dicho que esa eliminación tendría lugar una vez termine mi período, en el año 98. Yo no acepto esa postura.

Repito: No voy a esgrimir derechos adquiridos. Yo no soy un burócrata ni creo que la Vicepresidencia sea una chanfaina.

Si este debate concluye en que la Vicepresidencia es una institución inútil, yo allanaré el camino al Congreso y me retiraré de inmediato.

Lo que no puedo admitir es que se diga que la Vicepresidencia ha sido un estorbo. No lo ha sido ni para Colombia, ni para el presidente Samper, ni para nadie.

Yo he obrado con dignidad y no he entorpecido la labor de ningún funcionario público.

En otras palabras, está dispuesto a irse? Con toda libertad. Yo no voy a luchar por la Vicepresidencia. Yo mismo he señalado que tuve dudas sobre este cargo. Hice un acto de renunciamiento en beneficio del Partido Liberal, y no voy a aceptar que se trate de insinuar que yo estoy defendiendo posiciones burocráticas.

Cómo está su ánimo, ahora que soplan nuevos vientos de reforma constitucional? Yo he reconocido que la Constitución del 91 no es una obra perfecta. En ese sentido me parece legítimo que se aspire a revisarla. Sin embargo, considero que es esencial mantener el espíritu de renovación al que ella dio lugar.

Pero aún cuando encuentro legítimo el propósito reformista, me parece peligroso hablar de una contrarreforma entendida como un deseo de regresar al viejo país.

Yo sólo entendería dicha reforma si lleva el propósito de ir más allá en el espíritu de renovación de las costumbres políticas.

Me parece inoportuno e inadecuado abrir sencillamente un boquete para restablecer los privilegios y la estructura cerrada y clientelista de un país que desde el año 91 estamos tratando de transformar.

No siente dolor de padre cuando hablan de la contrarreforma? Yo estoy convencido de que la Constituyente del 91 es un excelente instrumento de transformación política. También, de que muchos de los defectos del régimen político no obedecen a problemas de orden constitucional.

Acepto que hay necesidad de aplicación de las leyes y de un desarrollo legislativo. Pero quisiera que no se olvidara el proceso mediante el cual se dio vida a la actual Constitución.

Fue un proceso de participación, de meses de trabajo, de fervor de los jóvenes. Realmente fue un ejercicio renovador y ese espíritu no puede perderse.

No sostengo que la Constitución sea intocable, pero estoy convencido de que es malo para Colombia abrir una brecha para regresar al pasado.

En su concepto qué hay detrás de las propuestas reformistas? Yo quiero que esto se analice cuando surjan las propuestas concretas. Por ahora, lo que ha habido son manifestaciones de distintos sectores que pueden tener muy diversas intenciones.

Por un lado, el Presidente tiene el legítimo deseo de renovación de los partidos; por el otro, quizás hay sectores con camufladas intenciones de echar atrás el proceso renovador que trae la Constitución del 91.

Pero esto lo podremos valorar sólo más adelante, en la medida en que vayan surgiendo las propuestas concretas.

En ese sentido quiero que la discusión se haga de manera transparente. Creo que en los aspectos esenciales de una posible reforma, es necesario convocar un referendo. Me parece que es indispensable que la opinión pública sea capaz de controlar las reformas que se propongan para establecer si auténticamente el propósito es echar hacia adelante o regresar al pasado.

En este campo existen serias diferencias con lo planteado por el presidente Samper...

No son serias diferencias. Hemos tenido opiniones divergentes, eso es inocultable. Yo opino, por ejemplo, que es mejor el sistema bicameral del Congreso. Ahí, se trata de juzgar qué es mejor: la eficiencia del Congreso a través de una sola Cámara o el control y la menor vulnerabilidad del Congreso que implican las dos Cámaras.

Este es un tema discutible y lo hemos discutido con el Presidente, pero este no fue un tema de la Campaña; no fue un tema que discutimos cuando configuramos la fórmula Samper-De la Calle y en ese sentido me parece que no hay un acto reprochable si tenemos opiniones divergentes sobre éste, que es apenas un elemento menor de toda la reforma política.