Archivo

HONG KONG DE CARA AL SIGLO XXI

Hong Kong estrecha aún más su vínculo con el siglo XXI. Sin temores y sin medidas le ha dado vía libre a la obra de infraestructura más importante del mundo que ahora se construye durante 24 horas al día a un ritmo apresurado. Se trata de un espectacular nuevo aeropuerto y una no menos impresionante red de accesos que en principio le significan un presupuesto de 21.000 millones de dólares.

18 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Para los británicos, siempre conscientes de la importancia de las comunicaciones para sus objetivos comerciales, se trata de una ejemplar obra de ingeniería que será una especie de legado material de su presencia de 150 años en esta próspera colonia.

China, que en un principio se negó a aceptar las cargas financieras que el aeropuerto iba a dejar y lo calificó como el más costoso campo de fútbol del mundo , acepta ahora paso a paso, negociación a negociación, la realidad de esta obra de la que Hong Kong y el propio país se beneficiarán.

Con su actual aeropuerto, Kai Tak, en plena saturación, con 20 millones de pasajeros anuales, lo que le convierte en el tercero del mundo, la imagen de las grúas, el movimiento de tierras, los gigantescos camiones y el surgir de puentes y carreteras es tranquilizadora para un territorio que es el octavo del mundo por su volumen comercial y valora la importancia de la obra .

Más de cinco mil obreros trabajan en Chek Lap Kok para preparar el terreno de lo que será el nuevo aeropuerto, cifra que dará paso en breve a un total de 22.000 trabajadores para asegurar que los aviones empiecen a aterrizar al menos antes del primero de julio de 1997, cuando se produzca el cambio de soberanía de Hong Kong.

El nuevo aeropuerto, que recibe el nombre de una isla, ahora totalmente aplanada, sobre la que en parte se asienta, está situado a unos 25 kilómetros al oeste de Hong Kong y estará unido a la ciudad por una nueva autopista, incluido un gigantesco puente colgante, y un nuevo ferrocarril.

En sus dos terceras partes Chek Lap Kok está siendo construido en terreno ganado al mar, ya que el montañoso territorio que forma Hong Kong no tiene valles donde pueda construirse una obra así.

La experiencia del nuevo aeropuerto de Osaka, también sobre el mar y que se hunde varios milímetros al año, obligó a los técnicos a estudiar nuevas fórmulas para evitar que se repita el problema en Hong Kong.

Los expertos norteamericanos, japoneses, belgas, holandeses, británicos y chinos responsabilizados de acondicionar un lugar seguro para asentar el aeropuerto, debieron limpiar el fondo del mar de unos 150 millones de metros cúbicos de arcilla y barro hasta encontrar roca firme.

El hueco se llenó con setenta millones de metros cúbicos de granito procedentes de la propia isla arrasada y otras varias decenas de millones de metros cúbicos de rocas de otras zonas.

El resultado está ya a la vista puesto que la nueva llanura que forma Chek Lap Kok, con 1.248 hectáreas, está prácticamente terminada para permitir pronto la construcción de las pistas y del terminal.

Cuando esté en funcionamiento el nuevo aeropuerto tendrá una pista para que aterricen aviones con una capacidad para 35 millones de pasajeros al año. Una segunda pista, prevista para más adelante, aumentará esa cifra a unos 56 millones el próximo siglo.

Empresas de todo el mundo, seleccionadas con criterios puramente técnicos y económicos, participan en esta gigantesca obra de infraestructura, incluido el consorcio español Cubiertas y Entrecanales, que construye uno de los puentes de la nueva red viaria.