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LA COMISIÓN DE REFORMA, HASTA DÓNDE

El presidente Ernesto Samper instaló la Comisión de Reforma de los Partidos, por él mismo convocada e integrada. Hacen parte de la comisión quince ciudadanos bien conocidos en el país, de diversas procedencias y militancias que integran, ciertamente, un grupo tan heterogéneo como respetable.

17 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Les ha pedido el Presidente que acompañen sus recomendaciones con sugerencias sobre la manera de aplicar administrativa, legal y constitucionalmente las iniciativas que resulten de su trabajo; les ha fijado un plazo de sesenta días y les ha pedido, entre otras iniciativas, que concentren sus esfuerzos, fundamentalmente, en una ley de financiación de la actividad partidista, un estatuto de la oposición, una reforma del Congreso, un código legal de ética política y un nuevo régimen para el funcionamiento de Asambleas y Concejos.

Aun cuando los propósitos que inspiran al Presidente son nobles y contribuyen a desnarcotizar la agenda nacional, la instalación de esta comisión coincide con una sensación que combina la perplejidad y la molestia entre la clase parlamentaria, y que sugiere para el país nacional un nuevo intento de invocar los sentimientos que hicieron posible la movilización ciudadana en torno de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

Esa es una mezcla peligrosa que aconseja proceder con sumas prudencia y mesura, máxime en momentos en que las distintas fuentes de legitimidad política en Colombia evidencian inquietantes fisuras que denotan grave proceso de erosión. Cualquier tipo de aventura institucional abriría un boquete de imprevisibles consecuencias para la estabilidad nacional.

Debe quedar claro, entonces, que esta comisión no puede desbordar el límite exacto de la formulación de recomendaciones, que el Gobierno a su turno deberá evaluar para dirimir cualquier contradicción interna que puedan suscitar y que posteriormente, ya filtradas, podrán ser sometidas al estudio del Congreso para que éste, dentro de sus atribuciones constitucionales, las considere con la necesaria ponderación. Nada más.

Rápidamente se les debe salir al quite a todas las voces que ya sugieren una mini-constituyente o una pre-constituyente. Entendemos que lo que el Presidente ha convocado es aquello que los norteamericanos califican de un think tank , es decir un tanque de pensamiento para aportarle luces a la nación en materia de reforma de los partidos políticos.

La pertinencia de la discusión nadie la cuestiona. Le sobra razón al Presidente cuando insiste en que los partidos políticos en Colombia deben reinstitucionalizarse, y cuando advierte que esas colectividades han perdido su capacidad de convocatoria y de constituir alternativas atractivas para los ciudadanos. Sus fronteras ideológicas se han borrado, carecen de programas concretos de acción y sus instrumentos para interpretar al país se han deteriorado.

No dudamos del interés que tendrán las recomendaciones emanadas de la Comisión. Entendemos como lo ha dicho el propio Presidente que el fuero de la comisión no se concentra en tender cortinas de humo sino en descorrer viejas cortinas para devolverles sentido de realidad a los objetivos sociales de los Partidos Políticos.

De la adecuada conducción de este proceso, que incluye el manejo de expectativas, la interlocución con la comunidad, la celosa guarda de sus fronteras, la interrelación con la dirigencia política y la armónica comunicación con el Presidente, dependerá el exito de la trascendental iniciativa.

Como lo enunciara Luis Carlos Galán, un partido político no le puede ofrecer al país lo que no puede ofrecerse a sí mismo. Que la inteligencia de la comisión sugiera fórmulas para que los Partidos le puedan ofrecer a la nación lo que ésta les está pidiendo.