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FREDONIA RECIBIÓ LAS CENIZAS DE ARENAS BETANCUR

Ayer en Fredonia, el Himno Nacional y la canción El cóndor pasa, interpretados por la banda musical del Liceo Efe Gómez de esa localidad, sirvieron de fondo al montón de banderas que se movían en los balcones para recibir las cenizas del maestro Rodrigo Arenas Betancur.

17 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Hacía sólo un mes la gente del pueblo lo había visto en persona. Sentado junto al Estadero Musical local contiguo a la iglesia, a donde llegaba diariamente desde temprano para tomarse unos tragos. Se quedaba dentro del local o junto a la chaza de un señor que vende dulces. Allí contaba y escuchaba historias.

En la mitad de la Avenida Santander, por donde se entra a ese pueblo cafetero del suroeste antioqueño y por donde se va directo a la plaza, estaban las autoridades ecabezadas por el alcalde, Gabriel Ignacio Muñoz. Detrás de ellas, los muchachos de los colegios.

En ese punto se unieron al desfile la esposa del maestro, María Helena Quintero, y sus cinco hijos, los mexicanos y los antioqueños. Además, Otto Morales Benítez, quien lo acompañó hasta el final. esa canción, el cóndor, era la que él siempre le pedía a la banda cuando salía a tocar , comentó una señora que seguía el desfile hacia la casa de la cultura.

Arenas Betancur siempre estaba con toda la gente. A algunos los invitaba a su taller y allí les explicaba el significado de sus esculturas. Una corta serenata abrió el homenaje en la Casa de la Cultura. Morales Benítez dejó ver algunas lágrimas mientras escuchaba los mensajes que le dedicaron al maestro los amigos de Fredonia y los alcaldes del suroeste.

En ese lugar el maestro está por todas partes. En escritos y fotografías que lo muestran auténtico, como lo describen quienes lo conocían. Una de ellas, la que no podía faltar, levantando un trago en uno de los locales, como siempre lo recordarán en Fredonia.

Hasta las cuatro de la tarde las cenizas del maestro permanecieron en la Casa de la Cultura, hora en que fueron trasladadas a la iglesia, donde quedaron definitivamente al lado de un altorrelieve de bronce que él moldeó entre 1976 y 1977 junto a los restos de sus padres. La obra muestra unas manos en actitud de oración, empuñando una camándula. El maestro mismo las llamó Las manos de mi madre .