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LAS GUERRAS COMERCIALES YA NO SON LO QUE ERAN

Después de que amenazara con estrangular a las compañías automotrices japonesas mediante sanciones, alguien le preguntó al representante comercial de EE.UU., Mickey Kantor, si tales medidas iniciarían una guerra comercial.

15 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

No hemos tenido una guerra comercial en el mundo desde 1932 , respondió. Eso es darle una mala reputación a la hipérbole .

Al menos en cierto sentido, tenía razón. Desde los años 30, cuando una serie de grandes alzas de aranceles ahogó el comercio y empeoró los efectos de la Gran Depresión de EE.UU., el mundo se ha transformado enormemente. De hecho, el último convenio comercial mundial redujo tanto los aranceles que se han vuelto prácticamente irrelevantes. Pero así como el concepto de la guerra ha cambiado durante los últimos 50 años, también lo ha hecho el concepto de guerra comercial. Vietnam no fue precisamente la Segunda Guerra Mundial, pero fue algo devastador.

Y así como EE.UU. se empantanó en ese conflicto, aquí también podría embrollarse en un conflicto cuyas víctimas podrían ser la nueva Organización Mundial del Comercio, el liderazgo de EE.UU. de la época posterior a la Guerra Fría y el comercio entre EE.UU. y Asia.

Detalles aburridos Los detalles particulares de la disputa comercial parecen terriblemente aburridos: el mercado japonés de reparación de automóviles discrimina a los fabricantes extranjeros de piezas de automóviles? Es fácil decir que es una disputa de poca monta. Pero simboliza algo que va mucho más allá: cómo reconciliar el sistema económico de EE.UU., donde el consumidor es rey, con el de Japón, donde el productor es el shogún. Washington afirma que el mercado japonés está reglamentado de tal manera que los fabricantes japoneses de repuestos le dan a las automotrices de Japón acuerdos que le favorecen y logran sus ganancias cobrando caras sus piezas de repuestos a los consumidores japoneses. Según EE.UU., la competencia internacional destrozaría ese sistema, lo que explica la resistencia japonesa.

El choque entre sistemas distintos] es la nueva fricción comercial , expresa Sylvia Ostry, economista de la Universidad de Toronto.

Eso queda claro en las disputas comerciales con Japón y con China .

Reacciones emotivas Las diferencias son tan profundas y suscitan reacciones tan emotivas que deberían discutirse en un foro imparcial. Ostry propone que la nueva Organización Mundial de Comercio, con sede en Ginebra, sea el lugar para discutir estos asuntos. Hasta ahora, todo va bien. Kantor dice que Washington planea plantear ante la OMC un alegato masivo contra los japoneses. Es probable que el asunto esté bien planteado: así como los japoneses producen buenos automóviles, EE.UU. produce muy buenos abogados.

Sin embargo, el problema es que Washington en realidad no tiene intenciones de seguir con el caso hasta el final. La presentación de un caso es un movimiento táctico para desviar la atención de las sanciones unilaterales de EE.UU. contra los japoneses. En otras palabras, EE.UU. sanciona a Japón antes que el tribunal comercial mundial siquiera examine las pruebas. En Washington, se calcula que la presión que se ejercería sobre los fabricantes japoneses de automóviles sería tan grande _las sanciones acabarían con las ventas de sus autos de lujo, que generan los mayores márgenes de ganancias_ que Japón cedería mucho antes de que un panel de la OMC pudiera fallar sobre la materia; por lo demás, el proceso podría demorar hasta un año.

A base de fuerza Washington se apoya no sobre las normas, sino en su propia fuerza para lograr que Japón abra sus puertas. Ante la desaparición de la Guerra Fría, dice el subsecretario de Comercio, Jeffrey Garten, Europa, EE.UU. y Japón se disputan el liderazgo. En el mundo real, tenemos que reconocer que hay muchos asuntos para los cuales el sistema multilateral no está preparado, incluida la estructura tipo cartel de la industria automotriz de Japón .

Ahí está el peligro. Al proceder de manera unilateral, la OMC se convierte en un chiste e invita a otros a pasarla por alto. En momentos en que los poderes asiáticos compiten con EE.UU. por la supremacía económica, se trata de una medida con poca visión de futuro. Los grandes exportadores de EE.UU. ya se quejan de que son objeto de prácticas de dumping por parte de otras naciones y también de aranceles prohibitivos, una práctica propia de EE.UU. y copiada por otros países.

Estamos creando monstruos , señala Jeffrey Schott, analista comercial del Institute for International Economics, centro de análisis de Washington. Las guerras comerciales contemporáneas, según Richard Cooper, economista de la Universidad de Harvard, surgen de la emulación y no de la represalia .

Oportunidades perdidas Si se extiende una guerra comercial, los historiadores con seguridad hablarán de oportunidades perdidas. En junio Europa perdió una oportunidad durante la cumbre económica de Japón al humillar al presidente Bill Clinton con el rechazo de su propuesta de negociar nuevos temas comerciales, incluidas las prácticas monopólicas subyacentes del conflicto entre Washington y Tokio.

EE.UU. perdió una oportunidad al no pensar en términos estratégicos en cómo hacer que Japón cambie. Durante por lo menos dos años, Washington ha considerado la posibilidad de presentar un caso más amplio contra Japón ante la OMC, pero decidió que era poco práctico y además temía perder el caso.

A un abogado del gobierno, demostrar que a EE.UU. le perjudican las barreras comerciales invisibles le recuerda a la película Harvey, en la que James Stewart trataba de convencer al resto del mundo de que un conejo invisible lo acompañaba a todas partes.

Si Washington hubiese actuado a tiempo y con decisión para reunir la información, hubiese presentado el caso y lo hubiese presionado hasta el final, habría demostrado al público estadounidense y al resto del mundo que las disputas comerciales sí pueden resolverse por medio de la razón. Imponer sanciones después de una victoria de ese tipo es algo perfectamente legal, pero aplicar sanciones primero se considera una posición de fuerza. Tal vez no sea una guerra comercial, pero por lo menos es una riña.

(Ver gráfica de exportaciones, en miles de millones, en dólares estadounidenses desde 1984)