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ESPAÑA TIENE UNA PENA, PENITA, PENA

El 16 de mayo de 1920, en Talavera de la Reina, murió Joselito, uno de los más grandes toreros españoles, a consecuencia de una cornada. Y ayer, 75 años después, falleció en Madrid Lola Flores, víctima del cáncer.

17 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Esta extraña coincidencia pone de presente que la realidad española está ligada a las figuras que de alguna manera la representan: el torero y la bailadora. Pero ésta era sólo una de las facetas de Dolores Flores Ruiz, la gitana que nació el 21 de enero de 1923, en Jerez de la Frontera (Cádiz) y que desde niña, en los bares de su pueblo, empezó a cantar y a dejar correr la fuente de vitalidad que manaba por su arte flamenco.

Su muerte es la de un símbolo. Lola Flores representaba el folclor, y su estilo y fuerza la convirtieron en una de las figuras más importantes que el arte flamenco ha dado a la canción española. Ella marcó una época. Y aunque su estilo no era muy depurado, según admiten los conocedores, tampoco dejan de reconocer el magnetismo que ella siempre despertó.

El New York Times, al anunciar una presentación suya hace tiempo, de manera gráfica describía ese rasgo: no canta, no baila, pero no se la pierdan . Y esto fue lo que no dejaron de hacer sus amigos y admiradores en la cámara ardiente instalada hasta hoy, cuando será sepultada en el cementerio de la Almudena. Acudieron a verla en el último teatro donde se presentó: el Centro Cultural de la Villa de Madrid, en la Plaza de Colón, justo al frente de donde en que se instaló hace dos semanas Mujer con espejo , escultura de Fernando Botero.

La Faraona lucía, según su deseo, una mantilla española blanca, un ramo de yerbabuena en las manos y estaba descalza. Se cumplía de esa manera su voluntad: que vayan a verme como quien va a una romería . Allí concurrieron, entre otros Rocío Jurado y su esposo el torero José Ortega Cano, María Dolores Pradera y Ana Belén, entre otros.

Muchos españoles no quisieron privarse de acompañar a la mujer que, aún muerta, irradiaba energía. Este era el rasgo más destacado de su personalidad desbordante, que le permitió dar el salto de los tablados del teatro al cine, y de allí al corazón de los españoles y de no pocos latinoamericanos.

Herencia gitana A los 17 años Lola Flores filmó la primera de las 25 películas en que participó, entre las que figuran María de la O, Ay pena, penita, pena, Una aventura en Hong Kong (hecha, con poco éxito, en Argentina) Embrujo y La Faraona, ésta última realizada en México, de donde tomó uno de los apelativos con los que se le conoció (también la llamaban Lola de España).

En su dilatada vida artística, más de 50 años, Lola Flores recibió muchos homenajes entre los que se cuenta la Medalla al Mérito del Trabajo. Además, dos calles llevan su nombre, una en Marbella y otra en Jerez, su pueblo. El alcalde de éste dijo que con su muerte se iba una gran jerezana, una gran andaluza, y una gran española . Uno de los deseos que no pudo ver realizados La Faraona fue el de un teatro con su nombre. Y sin embargo, siempre será recordada en el escenario, con su imponente figura, siempre envuelta en el escenario por los trajes flamencos de incontables volantes, interpretando coplas andaluzas o canciones latinoamericanas, a ritmo de rumba.

Por un cáncer que combatió a lo largo de 25 años, la vida suya se apagó ayer en su casa de las afueras de Madrid. Con ella estaban Lolita y Rosario, que junto a Antonio, fueron los hijos que tuvo con Antonio González El Pescadilla , un guitarrista gitano con quien se casó en 1957.

Además de lucha y triunfos, en sus 72 años de existencia, Lola Flores pasó momentos difíciles. Como el enfrentamiento que tuvo en 1989 con el ministerio de Hacienda, que la acusaba de no declarar ingresos por cinco años. Ella perdió, el estado cobró, y se marchó a Miami.

Al regreso se dedicó a fortalecer la vida artística de sus hijos, pues los tres son herederos de su pasión artística y cantan o escriben música. Para ellos fue una buena madre. Rosario confesaba que uno de los grandes piropos que recibía era cuando después de una de sus presentaciones la felicitaban por la madre que te parió .

Aquí vive una trabajadora que dio su vida por un arte sublime , fue el epitafio que escribió para su tumba.