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EL DÍA DEL TRABAJO

El sábado primero de mayo de l886, los Estados Unidos de Norte América quedaron virtualmente paralizados a consecuencia del las múltiples huelgas desatadas por los obreros que exigían ocho horas, a cambio de las extenuantes jornadas de 12, 14 y 16 horas diarias de trabajo.

05 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Los obreros del mundo hace mucho tiempo gozamos de esa reivindicación y, por eso, cada primero de mayo recordamos con devoción y admiración a quienes ofrendaron su vida por tan importante logro.

ALbert Parsons, August Spies, George Engel y Adolph Fischer, líderes del movimiento obrero, fueron condenados a la horca en un juicio que la hisotria recuerda como una farsa sin par, por su ignominia. Años más tarde, presionadas por el movimiento obrero y otras organizaciones progresistas, las nuevas autoridades del Estado de Chicago, debieron revisar el caso y un tribunal declaró que el juicio condenatorio de los mártires de Chicago fue una atrocidad que no tiene papralelo en la historia . Quienes aún permanecían en la cárcel, fueron libertados, pero los cuatro ahorcados no pudieron ser sacados de sus tumbas.

No obstante, los l09 años de transcurridos desde aquellos luctuosos hechos, tiempo en el que ha quedado demostrado que sólo con la lucha los trabajadores logran conquistar sus derechos, el neoliberalismo de moda pretende desconocer esa historia para pregonar a los cuatro vientos que, se asiste al desplome de la lucha de clases ya que los poseedores están dispuestos a sentarse con los desposeídos a una mesa para satisfacer las aspiraciones de estos últimos.

Nada más alejado de la realidad, no existe un solo derecho o un solo artículo en los códigos, medianamente favorable al trabajador, que haya sido arrancado después de enconadas y a veces cruentas confrontaciones con los empleadores o gobierno que los representan. Aún más, hoy en Colombia asistimos y resistimos a la ofensiva oficial y patronal por desmontar lo conquistado por generaciones de luchadores.

Como tributo a los mártires de Chicago, debiéramos recordar todas las conquistas posteriores del movimiento obrero, pero, nos haríamos interminables; nos resignaremos a resaltar el papel de la mujer en sus múltiples y decididas actuaciones: construyendo barricadas y preparando alimentos para los combatientes de la Revolución Francesa, su accionar clandestino para transmitir información en las gestas independentistas, su apoyo en las trincheras en favor de las justas guerras por la liberación nacional del tercer mundo, los batallones femeninos de la Comuna de París, su infinita paciencia al lado de los grandes hombres del proletariado para ayudar a cumplir su papel y el agudo coro femenino en todas las huelgas y movilizaciones.

No pocas de ellas han caído en la lucha, recordamos muy especialmente a las 120 obreras de la fábirca Cotton de Nueva York, incineradas por sus mejores condiciones laborales. Hoy ellas, quieren dejar lejos el viejo papel hogareño y de reproductoras que les impone la sociedad, para participar de igual a igual con el hombre en la producción, en las gestas libertarias y en la transformación de la sociedad.

Después de tantas conmemoraciones, aprendamos en este primero de mayo, que la lucha de obreros no puede, no debe limitarse a meras aspiraciones económicas, sino, a la conquista de su independencia como clase y a la búsqueda de una sociedad; la sociedad socialista de transición al comunismo, en donde sí logrará todas sus aspiraciones.